Año 1996. No se que año será en el horóscopo chino, pero en el “horóscopo gamer” es sin duda el año de las plataformas en 3d. El año en el que el plomero mas famoso del mundo volvió a patear culo a granel, pero esta vez fueron culos poligonales. Un universo de conos y cubos de texturas tan coloridas que hacen llorar.
El año de Super Mario 64. El año en el que salió al mercado la última consola de sobremesa que utilizó los mágicos cartuchos: La Nintendo 64. Fue un buen año para todos…
Como les conté anteriormente en mi Especial de Navidad, Papá Noel me regaló una Nintendo sixty foour! (perdón, no puedo decirlo sin gritar… perdón, lo hice de nuevo, aunque no lo escribí) y estoy feliz de la vida, esperando pacientemente el juicio final y la destrucción del planeta Tierra a manos del calentamiento global y el derretimiento de los casquetes polares. Si, no me importa nada ya que mi misión en la vida está siendo cumplida a pasos agigantados: Jugar a todo lo que hay por ahí.
Y la Nintendo 64 (perdón… me voy a gritar al baño y vuelvo) es una belleza estética y de diseño (yo no la conocí en su momento, estuve 14 años pensando en ella…) y el Mario 64, si bien ya había tenido la experiencia de jugar en un emulador hace ya varios años, está claro que no es lo mismo que hacerlo con el hardware original y el joystick original. No tiene ni punto de comparación.
Cuando salieron los primeros emuladores de N64 (voy a empezar a decirlo así, mas que nada para evitar gritos) el asunto era tosco, con pocos frames por segundo y con innumerables problemas de sonido y gráficos. Aun así, allá por el año 2001 me pasaba madrugadas enteras de verano intentando hacer funcionar correctamente el Super Mario 64 y el Wave Race 64 (mis dos juegos favoritos para esta consola, por diversas razones). Para mi era una cuestión muy importante el emular estas bellezas, mas que nada porque sentía (y no estaba muy equivocado) que si bien la PC era capaz a esas alturas de mostrar muchos mas polígonos en pantalla, la “jugabilidad” y el colorido de los juegos de Nintendo era algo de otro planeta, ajeno a mi. Con la PC me acostumbré a los gráficos realistas, y la realidad suele ser bastante mas gris de lo que recordábamos…
Entonces, cuando emulaba escenas como esta (la que da comienzo al SM64, la del castillo, el puente y el agua cristalina) la boca se me hacía un lado y se me babeaba, ya que NO PODÍA SER. Las texturas no eran la gran cosa en cuanto a definición y demás, pero joder, acá había arte. Arte y DIVERSIÓN. Como un pelotero. La diversión clásica, arcaica, de toda la vida y de todos los tiempos. Nuevas tecnologías, pero un mismo concepto, un mismo nervio que hay que tocar para hacer saltar el niño que todos tenemos dentro…
El agua… No es un juego que se destaque por la calidad del agua, es cierto. El Wave Race 64 llevó al H2O a convertirse en una estrella mas del mundo de los videojuegos, y luego Super Mario Sunshine para GameCube nos presentó un mundo acuático y playero que te revienta la cabeza. Pero aun así goza de una frescura inusitada para la época. Recuerdo el Aces of the Deep para PC y pienso que siempre hubo oleaje, mas no colorido. Que el agua del Super Mario 64 no moja, pero refresca. Que no se comporta de modo realista en cuanto a la física… pero los rayos del sol la atraviesan y juegan con ella, y nada mas importa.
Luego, como dije anteriormente, llegarían mejores aguas, pero este es el puntapié inicial. El mundo de Mario Bros nunca se había visto tan alegremente aguado… y brindo por eso.
Descubrí un juego que, sinceramente, no conocía. Si, lo había jugado en el emulador, pero nah. El joystick de la consola “real” es extraño pero a la vez intuitivo, y el mando analógico es VITAL para conducir bien a Mario a través de los diversos mundos. Y por cierto, son muchísimos, y son todos enormes areneros que nos invitan a visitarlos infinitas veces. Este juego no es, a diferencia de casi todos los del mundo del champignon, lineal. Y nuestro objetivo es recorrer una y otra vez los diferentes mundos en búsqueda de las preciadas estrellas (y todas se obtienen de un modo distinto).
Si me preguntan, debo decir que prefiero el universo mas lineal, en donde la épica de Mario se presente de un modo evidente y no parezca que somos niños con palita y baldecito en un mar de arena… Pero que joder, por algo el Super Mario 64 es lo que es. Un poco de aire fresco de parte de un juego que ya tiene 14 años.
Nieve, desiertos calientes, mundos acuáticos, verde cesped… todos los mundos que conocimos en el Super Mario 3 (tal vez el mejor juego de plataformas de la historia… tal vez el mejor juego de la historia, a secas) pero en 3d. El universo Mario se retroalimente, se autoparodia y eso genera un “círculo vicioso de la felicidad”. Mis teorías no tienen sustento científico, pero se sienten rico.
Algunos problemas con la cámara, uh? Si, algunos problemas con la cámara… y poco mas para reprocharle a esta vieja-nueva aparición del italiano mas famoso después de Berlusconi. Siento que estoy volviendo a lugares donde nunca había estado antes, y es que el universo gamer es un gran todo, donde jugar a un juego es también jugar, en mayor o menor medida, a todos los demás.
Será también así la vida? Será que cuando conocemos a una mujer estamos conociendo en realidad a todas, y al universo mismo? Y que cuando respiramos el aire que nos rodea estamos dándole una probada al universo todo? No lo se, aunque creo que Nintendo tiene mucho que decir al respecto…
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Tags: 3d, mario, nintendo, nintendo 64, plataformas, super mario
















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