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“Donald Duck´s Playground” (C-64)

// agosto 23rd, 2010 // View Comments // Commodore, Retro, Videogames

Juegos educativos para la Commodore 64 habrá habido muchos, pero sinceramente creo que como éste, ninguno. Donald Duck´s Playground es un juegazo que me ha hecho delirar innumerables horas de mi infante vida allá por los 80´s, a la vez que aprendía conceptos capitalistas básicos tales como el trabajo asalariado, el ahorro y las inversiones en el sector de entretenimientos.

Pero vayamos por partes, a ver: De que se trata este juego y que tiene para ofrecernos (nostalgia aparte) hoy por hoy, en esta época de 4 gigas de RAM y lentes 3d? Pues creo que pocas cosas, pero interesantes. Este juego fué creado por Al Lowe (el de Leisure Suit Larry!) y la verdad es que se nota la mano magistral de ese hermoso hijo de puta detrás de todo esto… El juego está muy bien diseñado y parece mentira que con tan solo 64kbytes de memoria se haya podido hacer algo así en el año 1984 (joder, casi en la prehistoria de nuestra amada Commodore). Sierra sí que le sacó jugo a la breadbin, regalándonos un pequeño gran juego para niños… y para algunos grandulones que se entretenían mirando como Donald se rompía el orto laburando para poder fabricarles un parque de diversiones a sus sobrinos.

Donald

Porque de eso se trata el juego, eh? Somos Donald, y nuestra misión es construir un campo de juegos para nuestros patitos preferidos (ya se sabe, no? Hugo, Berugo… Esos nombres raros que tenían, los sobrinitos bah). Para poder construirlo, es necesario obtener dinero que nos permita comprarle a Goofy, Mickey y Minnie algunas “atracciones” tales como toboganes, columpios, redes de soga de marinero en donde los pibitos se puedan balancear y trepar, etc… En fin, una especie de “Fortín de los Lagartos” pero en PatoLandia.

Ah… y como obtenemos dinero? Pues trabajando. Vendiendo nuestra fuerza de trabajo al mejor estilo moderno. Tenemos cuatro empleos que podemos escoger a gusto y piaccere (aunque claro que se recomienda probarlos todos y laburar un par de minutos en cada uno para no aburrirnos) y Epimundo te los muestra y te los explica a vos, grandulón nostálgico y zoofílico (disgustin´):

Donald

AmQuack Railroad

O sea, en este laburo somos los encargados de, valiéndonos de unos interruptores numerados, variar la condición de los cruces de vías para lograr que el tren de la ciudad llegue a su destino prefijado. De golpe se nos muestra la posición inicial de la locomotora y la estación a la cual debe arribar (rápido! Porque cuanto menos tiempo nos tardemos mas dinero vamos a ganar… que no se nos olvide que nos pagan por tren que llega a estación y no por tiempo trabajado) y nosotros tenemos que pensar rápido y mover las intersecciones de los ramales para que el tren (que es boludo, como todos los trenes, y siempre va para adelante… de ahí la frase “mas boludo que manejar un tren con volante”) llegue a su destino y haga las tranzas que correspondan.

Este es, por lejos, el mas interesante de los laburos y también el mas divertido. Además es el que mejor paga (si sabés jugarlo bien, claro).

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Becky´s Toy Store

Tenemos que acomodar juguetes en una estantería… parece fácil, dasent it? (inglés, brutos… en inglés) y la verdad es que lo es (ya que todo se reduce a mover la escalera donde corresponde, subirnos y depositar el juguete, bajar… etc…) pero tenemos que tener cuidado con el Tren (ese mismo maldito tren, si) que pasa cada x cantidad de minutos por la puerta de la juguetería y amenaza con hacer temblar el local y destruir algunos juguetes (que serán descontados de nuestro salario… malditos chupasangres). Como les decía, la onda es anticiparnos al paso del tren y cerrar la persiana de la estantería segundos antes, de ese modo evitamos que nos negreen mas de la cuenta.

Es un laburito entretenido, pero a mi, que quieren que les diga… me hincha las bolas.

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Descargar fruta en el Mercado Central

Bueno, en realidad no se llama así… es mas: Ni siquiera creo que Donald trabaje en el Mercado Central… Pero estamos en Argentina y no vamos a dejar que el imperialismo yanki y naval nos domine tanto que hasta nos extirpe de un mordisco nuestro último bastión de la nacionalidad y los precios bajos. El Mercado Central, trabajamos en el Mercado Central atajando fruta que viene volando desde un camión y descargándola en el cajón adecuado.

Nos tiran con sandías, calabazas y algo mas que no alcanzo a comprender que es (un kiwi, supongamos). El laburo es simple: Nos movemos rápido para atajar la fruta (es bastante gracioso como se mueve el pato en posición de ataje… y está muy bien logrado a nivel animación) y la descargamos. Si nos equivocamos (ya sea al atajarla o al descargarla) el pato se recontracalienta como solo el sabe hacerlo y putea mucho. Está bueno.

Este es, desde luego, el laburo peor pago de todos y menos mal que a los creadores del juego no se les ocurrió el laburo de coser jeans en un taller clandestino…

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Revolear mercadería en el aeropuerto

El laburo que menos me gusta de todos… No se, se gana bien… pero es aburriiiiido a mas no poder. También hay que embocar la valija en el “vagón” indicado de esa especie de trencito que siempre lleva todas las cosas a los aviones y que yo jamás pude ver personalmente porque no viajé en avión jamás… Pero sí conozco gracias a las películas y a ESTE JUEGO. Disney y la Commodore me enseñaron mucho mas que mis dos padres juntos y mis abuelos también. Y la escuela.

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A medida que vamos ganando guita la podemos ir gastando en los negocios que están enfrente de nuestros potenciales “empleos”. Y aquí viene otro momento educativo: Cada vez que realizamos una compra (pongamos como ejemplo, Un tobogán y una cama elástica) tenemos que elegir por nosotros mismos las monedas y los billetes que debemos utilizar para pagarle al vendedor… y si nos pasamos también tenemos que elegir el vuelto que nos merecemos… Todo para que los pibitos aprendan a contar y a respetar el valor del trabajo de sus padres.

Si, ya se que es muy malvado todo esto… EN TEORÍA. Yo también estoy en contra del fetichismo del dinero y de la cosificación del ser humano y de la producción de mercancías que -desde luego- contiene el germen de su propia destrucción y bla bla bla… Pero fuera de joda que a veces los pibitos piden cosas que los padres no pueden comprar, y estaría bueno que se den cuenta de cuanto esfuerzo lleva ganar el dinero y cuanto duele gastarlo en tonterías. Cada vez que una nenita de 6 años se ponga a llorar para que su madre le compre unas zapatillas luminosas de 300 pesos porque “se enamoró de ellas y todas las nenas del aula las tienen y también tienen celular y *2020) yo le haría jugar a este juego… Durante tres días seguidos. A laburar juntando fruta durante tres horas para poder comprar un par de putos toboganes de 8 bits…

Ya les digo. Disney será maléfico, pero hay momentos en los cuales hay que dejarlo ser. Este es uno de ellos.

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Ven, aquí puede verse una típica transacción económica entre el laborioso Donald y el vendedor de chatarra Goofy. Una maldita cubierta de automóvil colgando de una soga nos cuesta 0,25 centavos, que no parece mucho dinero puesto así, pero que representa mucha money en lo relativo al universo del juego (hay que transpirar para ganar cada monedita de las grandes, creanme).

Y una vez que compramos todo? Que nos resta por hacer? Y, lo lógico: Acomodar todas las atracciones en esa especie de torre-parque de diversiones que estamos creando y dejar que algún sobrino revoltoso las use y se divierta:

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Este es el parque que pude construir después de horas de esfuerzo: Un par de toboganes, un caballito resortero, un timón de barco para que el pibe se crea que está manejando un idem, barras colgantes, cama elástica y tres redes que reemplazan a las aburridas escaleras (que también podemos comprar, si queremos… pero, para que? No hay como una red que nos hace pensar en los piratas y todas esas cosas lindas). La disposición de las diversas “atracciones” la podemos variar, así como también podemos manejar al “sobrinito” a través del parque.

Un buen juego, que quieren que les diga. Original a mas no poder, bastante revolucionario para la época (en cuanto al diseño y a la idea… no precisamente en cuanto a la ideología que destila, of course) y con cierto valor de “rejugabilidad” aun hoy. Sigue siendo simpático volver a jugarlo y recordar esas hermosas noches de invierno en las cuales jugábamos a crear un parque de diversiones para nuestros sobrinos patos… o para nosotros mismos, mientras simulábamos ser una persona adulta… que no es otra cosa que en lo que nos convertimos ahora.

O no? Algo parecido, bah.

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