sep 24

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El “Día de la Primavera” (21 de septiembre, para los que están en otro planeta, o en órbita, o pasando el Ecuador) fuí al Jardín Japonés de Buenos Aires. Estaba plagado de muchachitos/as “otakus”, algunos incluso haciendo cosplay de los mas diversos. La verdad es que la pasé muy bien a pesar de tardar varios minutos en aclimatarme y acostumbrarme a esta nueva generación de pibitos “manganimeros” y a las chicas que usan orejas de gato… Bueno, esto último no representa ningún problema (todo lo contrario, incluso), pero ver a un pibe con orejas de gato… Soy muy tradicional en algunas cosas, me gusta la cerveza fría, la tele fuerte, la Commodore…

Igual muy buena onda, había un par de pelotudos (como lo hay en todos lados, calculo) pero la mayoría bien. Y como a dos cuadras se estaban acuchillando y metiéndose sacacorchos por el culo se me ocurrió que pasé el Dia de la Primavera en el sitio mas primaveral (y pacífico) de Buenos Aires… Así que misión cumplida. Y si encima hay cosas japonesas all around, yo no se que mas puede pedir un friki, no?

Todo este preámbulo para luego no saber que decir acerca del jueguito, verdad? Bueno, pero todo tiene que ver con todo, y si resulta que “aparentemente” un post de Epimundo comienza de manera errática y el hilo no conduce a ningún sitio que no sea la mete y la destución, no os preocupeis hermanas y hermanos porque es tan solo una ilusión: Yo jamás me equivoco (god mode on) y todo lo veo y todo lo sé. Si ese párrafo está ahí parado en la puerta, por algo es. Y aquí está la prueba de que por algo empecé hablando del Jardín Japonés:

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Si! Un RPG japanese! Y para PC!! Y Con gráficos cuasi-16 bits! O no se lo esperaban?

Y tienen razón, claro que no. Porque en realidad este no es un RPG cualquiera… Mejor dicho: No es un RPG en el strictus sensi de la parola (si no se dice así en latin, pega en el palo… porque yo lo que trato de hacer es agarrar un idioma y enviarlo a la edad de piedra, y para eso me “supongo” como son las palabras en base a otras -pocas- que conozco de ese lenguaje en cuestión. Eso en linguística Saussure lo llama “Le Chotte”) sino que es, además de un jueguito de explorar calabozos y recolectar items, un simulador comercial.

Porque la cosa es que somos una pibita (muy kawaii, como le gusta a los japoneses y como le disgusta a Macri) que debe regentear la tienda de su padre, sobre la cual pesa una -valga la cacofonía- pesada deuda. El padre se mandó a mudar y la chavala se quedó a cargo del negocio que no es otra cosa que una TIENDA PARA AVENTUREROS. O sea, vende escudos, espadas, comida para llevar, pociones, botas de alto impacto, etc. Vieron en los juegos de Rol, que siempre somos un aventurero y vamos a comprar a una tienda? Bueno, ahora al revés.

Eso último que dije fué excelentemente escueto y sintético, aunque de dudoso valor sentimental.

O sea que nuestra labor va a ser comprar barato, vender caro, regatear precios a los compradores (si, viene gente a empeñar cosas, deshauciada… y nosotros debemos aprovecharnos de ello, porque como dice Recettear -la protagonista-: “Capitalism, ho!”) y si queremos tener éxito en nuestra misión, SALIR DE DUNGEON CRAWLING. En realidad no nosotros (“nosotras”… porque ademas de personificar a una niña también estamos todo el tiempo acompañados -”acompañadas”…- por un hada usurera que nos presiona todo el tiempo para que vayamos pagando las cuotas repugnantes de la deuda de nuestro padre) sino un aventurero contratado para la ocasión (aunque Recettear y el hada lo acompañarán todo el tiempo, rompiéndole las pelotas all night long).

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Así que en cuanto salgamos de cacería por los calabozos del pueblo, el juego se convierte en un RPG asiático clásico y típico, con todos los clichés del género (ya se sabe: El combate no es táctico sino punchi-punchi, es necesario tener cierta habilidad y reflejos en lugar de planificación, los enemigos son tan tiernos que da lástima matarlos, etc.)

Recettear es un lindo y muy original. Es una obligación jugarlo, y no se podrán resistir a los encantos de tener una tienda que vende armaduras y anillos “meditación +1″. Puede llegar a cansar en en cuanto se estanca por un par de minutos, pero la idea es cumplir con el encargo del mago (háganle caso y recolecten esos elementos, sino la historia no avanza). Si no llegan a pagar la cuota semanal (Que es cada vez mas usurera) no se preocupen porque luego del “game over” arrancamos con todas nuestras posesiones intactas y podemos intentarlo nuevamente sin tanta dificultad. Todavía no lo gané, pero estoy con un mercenario nivel 24 y la estoy pasando bomba (aunque este nuevo Dungeon no tiene una mierda en sus cofres… Pero no pierdo la esperanza de pegar un buen tesoro y venderlo a precio inflado).

Capitalism, ho!!!!

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sep 21

The Karate Kid 11-52-45

Existen películas culposas, de esas que uno jamás pondría como ejemplo de “buena peli” en las discusiones entre “entendidos”… películas que bien sabemos que son malas (o como mucho, “pasables”) pero que a nosotros nos gustan y mucho. No se, nos encariñamos con ellas, y tiramos toneladas de nostalgia sobre sus defectos, tapándolos.

Ni siquiera sabemos si realmente las preferimos por sobre otras mejores… Nunca nos lo cuestionamos. Las miramos por TELEFE y las sonreímos entre masitas y facturas, entre migas y mayonesa dominguera.

Karate Kid (la original, digo) es una de ellas. A mi me encanta, aunque Daniel-San no sea otra cosa que un repelotudo, y algunos momentos se tornen peligrosamente truchos y con falta de onda… Así y todo no puedo dejar de mirar al Señor Miyagi enseñandole dos o tres cositas a este paparulo. Me gusta el ruido del agua y el color de los bonsais, me gusta la frase “wax on, wax off” y el movimiento de brazos al pintar la cerca… Me gusta y me emociona, y eso sí que no es extraño porque las artes marciales emocionan a cualquiera, y cuando ves a un maestro educando a un joven alumno y transmitiéndole no solo una serie coreográfica de golpes concatenados sino también una cosmovisión y una filosofía de vida… No te podés resistir. Es demasiado alejado de nuestro frenesí diario, y a la vez es tan (pero tan!) cercano, que siempre nos deja la esperanza de “retomar” las clases y de una vez por todas matar la ansiedad con un “shuto” o un “uraken”, según el caso.

Chan

Por eso debo decir que me sorprendió GRATAMENTE comprobar como una remake puede superar al original de un modo tan flagrante. Siempre estará presente en mi corazón el sensei de Okinawa, y eso no va a cambiar ni en un millón de años (que es la cantidad que tengo pensado vivir, siempre y cuando haya mermelada y Family Game en el mundo…). Pero Karate Kid 2010, con Jackie Chan como Maestro y China como escenario… Mamadera, que pulenta que fué, y como me quedó zumbando el okete. Ni se imaginan lo bueno que estuvo esto.

Si, lo que todos están pensando: “Karate en China?”, y tienen razón. La peli se llama “Karate Kid” porque utiliza toda la columna vertebral de la peli de Miyagi y Daniel (Y la grulla, y el sensei malo y blanquito, etc.), pero lo que aquí se practica es KUNG-FU, y lo que aquí se respira es ese hermoso y gigante país que desparramó su cultura por todo Asia Oriental. Los paisajes (y la fotografía de la película, se entiende) son fabulosos y embellecen la historia. La humedad se puede palpar, y el gris de las piedras milenarias (Que forman, a su vez, castillos y ciudades enteras) contrasta con las lámparas esféricas, rojas, colgantes… Groso, bah. China es la cuna de todo… Japón es la excelencia (uno imagina las casas niponas pulcras y delicadas, con papel y madera por todas partes..) pero China es la milenaria partera de todo lo que nos llega desde “allí”. En la película uno lo “sabe” y lo “siente”, y en nuestro cerebro vamos comparando y la vez relacionando, que es mas importante.

Domadora de serpientes Karate Kid 2010

Porque la historia es la misma, eh? Con distintos nombres, distinto país, diferente arte marcial y mil cosas mas… pero la misma. Lo verdaderamente cool de esta peli es que logró conservar el argumento “tal cual” retocando todo lo demás y reseteándolo en la China tecnológica y tradicional de hoy en día. Por cierto: Jackie Chan es lo mas grande que hay, pero supongo que ya lo sabían, verdad?

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Si, es MUY MORTAL KOMBAT ese tablero, pero así son las cosas en el Torneo Final. Si no te cebaste con esta foto es porque directamente no tenés sangre en las venas y necesitás una buena dosis de patadas en el orto y ginseng. Si te aguantás estar quieto mas de dos horas (si, la película es bastante larga, hay que tener paciencia) no tenés excusa.

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sep 10

´Rescate en el barrio chino

Y si… Ayer fuí al Barrio Chino de la Ciudad de Buenos Aires y me compré de todo, bardié y ahora tengo que vivir a base de latas de jugo de papaya y pastillitas de Hello Kitty. Pero bueno, son cosas saludables y a la larga representarán una mejora en mi calidad de vida. Esto ya lo había hecho el año pasado, pero está claro que mi cerebro no aprendió aun la habilidad de aprender.

Para quienes no lo conocen, una recomendación: No se pierdan visitar esas dos cuadritas que se ubican a pasos de la Estación Belgrano. Es fascinante la cantidad de pelotudeces bellas que pueden conseguirse (ver foto) y la de chucherías orientales que le dan un toque especial a nuestro hogar por tan solo unos pocos pesos (los chinos venden barato, creanme). Además de lo que puede verse en la foto, me traje algunos otros productos no-gastronómicos tales como sahumerios, inciensos en forma de pirámide y barrita (estos de la India) y una de esas pantallas para la lámpara de luz chinas, que son tipo “piñata” y dejan translucir delicadamente los rayos fotónicos…

Me traje arroz “basmati” que tiene un ligero aroma a almendras y es ideal para preparar uno de mis platillos favoritos: Pollo al curry y leche de coco (comida tailandesa). No lo conseguía por ningún sitio de aquí de Lanús por lo tanto es una gran compra. También curry ahumado, salsa de soja de Taiwan, una sopa completamente radiactiva, un sobre de miso, diversos productos hechos en occidente pero con claro tono e intencionalidad oriental (la mentada leche de coco, mantequilla de maní, fideos de arroz, etc.).

Ah, y lo mejor de todo a nivel coleccionismo y a nivel friki: Un surtido de latas misteriosas, coreanas y chinas:


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Jugo de uva, de durazno (o de vaya uno a saber que cosa) y de coco… preparados con leche y café… No hace falta decir que incluso una persona con mentalidad abierta sufriría cierto cosquilléo en el medio de la buchaca al probar el primer sorbo de alguno de estos brebajes… Pero bueno, en los sucesivos días Epimundo lo hará por ustedes. Estén atentos a las reviews.

Las latas son hermosas. Cuando era un joven muchacho prepúber solía coleccionar latas de cerveza y gaseosa (la Orangina la tenía como 500 veces… pero bueno, servía como Comodín), espero revivir esos bellos momentos en los cuales los collares de chapitas y las latas achatadas en la suela del zapato (y que servían para generar ese ruido Robocopero al caminar) eran moneda corriente en mi vida.

Hello Moto

Si, pastillitas de esas que le gustan a todas nuestras abuelas. Las duras de lata, tipo “lágrima”. Kawaii!!

Manteca de cacao kawaii

Mi hermana se compró este supercopante lapiz labial de manteca de cacao (ya se sabe… para evitar las paspaduras con el frío) y yo sospecho que lo hizo solo por el empaque que trae aparejado. La silueta de la oriental tiene brillo, lo que lo hace muy… no se, japonés.

Amo el Barrio Chino. Es el portal de acceso a la sabiduría y a Compradores Anónimos.

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ago 28

Origami en la Embajada Japonesa

Hace ya varios días (y semanas, y meses… y de un modo inconsciente años y lustros) que estoy sufriendo una suerte de “enamoramiento respetuoso” (que título) para con todo lo que tenga que ver con Japón y su cultura. No solo lo estrictamente “friki” (y es que no soy muy conocedor del manga y el anime ni todas esas cosas que me interesan pero no tanto como otras… siempre fuí mas “americano”, y mi amor por Commodore y Batman lo dice todo) sino que también incluyo en mi catálogo aquellos aspectos de la sociedad japonesa que a los occidentales nos dejan perplejos pero que a la vez nos demuestran que existe otro modo de vivir, aunque no tengamos por qué imitarlo.

Nintendo también tiene mucho que ver en todo esto, pero les juro que muy poco. El coqueteo “Epimundo – Nipón” está aun en pañales y todavía es muy pronto para sacar conclusiones… y todavía es mas pronto para embarrar la cancha con loas a una empresa de videojuegos… Por mas grosa que sea y por mas felicidad que reparta por el ambiente.

Ayer viernes visité el Centro Cultural de la Embajada de Japón en Buenos Aires (Paraguay y Cerrito. casi) y el motivo “oficial” era la exposición de origami que allí se daba lugar. A mi me encantan los papertoys o “papercrafts” y por ende tengo que interesarme también en una de las formas mas puras de jugar con el papel, sin pegamentos ni troquelados compulsivos. Y la verdad es que, si bien se me antojó escasa (eché en falta mas cantidad de obras expuestas) me aportó muchas ganas de retomar mi afición al papel y a la tijera, y por qué no, de aprender un poco de Origami… Siempre te salva el origami, siempre hay una servilleta de papel a mano para moldear una flor, o una vieja carta de amor que sirva de carne y huesos para una espontanea grulla…

Acá van algunas fotos de la exposición, y pido perdón por la calidad de las mismas. No tenía a mano mas que mi viejo reproductor MP4. Pero aun así creo que son disfrutables:

Origami en la Embajada Japonesa

Origami en la Embajada Japonesa

Origami en la Embajada Japonesa

Origami en la Embajada Japonesa

Esta es una masa… la verdad.

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Como verán, hay varios “cuadros” con escenas representadas por múltiples personajes de papel. Desconocía esa técnica, pero me gustó su minimalismo y elegante simpleza. Me hizo recordar a uno de mis pintores preferidos, Henry Matisse (en su última época, cuando ya estaba reloco y pegaba papel glasé sobre hojas canson)

Pero no todo fué origami. También me quedé para ver una exposición sobre “La Ceremonia del Té”:

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Así como lo oyen y lo leen, mis estimados amiguitos: Fué una representación “teatral” con guía incluída (gracias a dios. La chica explicó todo muy bien a la par que observábamos toda la ceremonia) de la curiosa tradición del té en Japón llamada Cha-no-yu. No tiene mucho sentido que yo se los explique porque es algo que conviene presenciar para entenderlo, pero les adelanto que es una práctica bastante antigua en la cual un anfitrión agasaja a sus invitados sirviéndoles una taza de té… De un modo TAN PROTOCOLAR y CEREMONIAL que directamente apabulla a nuestras pobres mentes occidentales.

Es practicamente una coreografía completa que lleva toda una vida aprender y perfeccionar, y que incluye no solo movimientos precisos sino también un montón de otras cosas que se zarpan. Se realiza casi en completo silencio (no hay charla allí, mas allá de algunas cosas prefijadas por la tradición al estilo “gracias”, “permiso para tomar antes que tu”, etc.) y debo decir que relaja de solo observarlo. Usan utensilios “rudimentarios” y a la vez bellos (como un cepillo hecho de cerdas de caña de bambú… talladas a mano, en una sola pieza), y tan solo comen un bocadillo dulce y beben un poco de té verde bien amargo y fuerte… Nada mas y nada menos.

La exposición de Origami está hasta el 15 de septiembre (creo) y la ceremonia del té la pueden presenciar todos los viernes a las 14:30 horas. Todo es absolutamente gratuito.

No hace falta ser otaku ni nada de eso para disfrutar de tan bello sitio, al cual pienso sacarle todo el jugo que pueda durante mucho tiempo, porque hay biblioteca (plagada de manga, si… pero en perfecto japonés) y se suceden las distintas actividades todas las semanas.

Recomendado. Epimundo´s  Seal of Approval.

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