Como nació esta maravilla?
Quién fue el hambriento visionario que se atrevió a mezclar ambos productos y hacernos delirar de placer y sentimiento de aventura? No combinan, a simple vista no se pueden unir. “Puaj!” diría algún pelotudo, incluso! Como vas a mezclar queso con dulce de membrillo, no? Porque con batata tiene mas lógica……. Momento: Dulce de batata? La sola existencia de un producto de esta calaña ya pone en tela de juicio todo nuestro sistema de valores.
Se cuenta que allá en una cantina de Palermo nació esta raza de postres fuertes y bicolores (al menos esto se dice del “fresco y batata”, no tanto del de membrillo con cualquier queso). Es posible que hayamos sido también los inventores de esta barbarie, y en caso de confirmarse la noticia pues no quedará otra que sumarnos una nueva medalla a nuestro ya condecorado pecho: El Dulce de Leche, la Birome, Las huellas digitales (antes la gente venía con las llantas lisas) y el alambre de púa.
(Recordé un chiste muy gracioso acerca del alambre de púas y lo poco conveniente que resulta el pasárselo por la bolsa de las bolas… Tal vez ustedes ya lo conozcan, pero por las dudas acá está. Una joya de las épocas de Jaimito y afines.)
Como sea… Ya están entre nosotros estas maravillas con forma de portaaviones de alegría (porta-alegrías) navegando en el desierto de nuestro plato. A la hora del postre, allí están, y si por casualidad te has olvidado de cuan bueno es el “queso y dulce”, Epimundo viene al rescate y te sopapea y te pone de nuevo en vereda.
Que contraste! Que danza de sabores. La acidez (yo soy mas fanático del combo “membrillo-queso fresco”, pero se aceptan miles de reinterpretaciones de la receta… incluyendo poderosos “batata-gruyere” y peores) y la cremosidad se dan la mano y se van derechito volando al cielo, donde una constelación de angelitos se sienten muy bien ante toda esta situación. Hay que darle un premio póstumo al inventor de esto, y perdón que sea reiterativo pero tengo razón… Es uno de los grandes heroes de la historia, no jodamos.
El que descubrió que comer chinchulines estaba bueno también tiene su mérito, OJO. Hay que ser muy guapo para comer eso por primera vez… Pero la simpleza del postre “vigilante” (lamentablemente tiene un nombre de mierda, que traté de evitar durante varios párrafos pero que en algún momento tenía que blanquear) ha tocado todos los rincones y a todos los corazones criollos. No hay cristiano que no lo pruebe y lo ame… mientras que los chinchus son controversiales, para que negarlo.
Recién me acabo de comer una rodaja de dulce de membrillo con su correspondiente acompañante lacteo… y volé. En serio lo hice, eh… le di el primer mordisco, la levanté en el aire y la miré de atrás (cual si fuese el avión que manejamos en el AfterBurner), acto seguido le di power a las turbinas y empecé a volar intentando imitar los gráciles movimientos de la amalgama culinaria mas violenta de la gastronomía autóctona.
Esas latas de dulce… Que increíble postre, por Dios…































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