Todo aquel que haya tenido la dicha de conocer a los Airedale Terrier sabe lo que esa raza de perros significan. Yo tengo uno (una, mejor dicho) y sin desmerecer a todos los demás perros del mundo (y es que todo esto es muy subjetivo y cada uno va a tirar agua para su molino o para su canino) lo que yo he vivido con este animal me da la pauta de que estos peludos, barbudos y caraduras cuadrúpedos tienen todas las de ganar en el terreno de la versatilidad. “No hay nada que un Airedale no pueda hacer”, se dice por ahí…
El caso es que me volví bastante fanboy de esta cruza (o “raza”, como quieran) y estoy completamente comprometido con la causa de esparcir las Buenas Nuevas por el mundo entero y que todos sepan las bondades de estos bichos, un poco caídos en desgracia ultimamente dentro de lo que es el territorio nacional argentino -o mejor digamos que hay otras razas que están mas de moda, lo cual es perfecto de todos modos-. Investigando un poco por la red me topé con la historia del perro del presidente estadounidense Warren G. Harding, un Airedale Terrier llamado “Laddie Boy” que no solo fue la mascota oficial de la Casa Blanca durante varios años sino que se convirtió (gracias a muchos factores) en El Primer Perro (solo por detrás de “La Primera Dama”) y en toda una celebridad en si mismo.
Como puede convertirse el perro de un presidente en una personalidad cuya fama supere con creces a la de sus ministros? Con un buen trabajo publicitario, con una operación de prensa fenomenal y con la inestimable ayuda del mismísimo perro en cuestión. Y es que Laddie Boy ERA UNA MASA. Participaba de las reuniones de Gabinete, le daba la patita a todos los invitados a la Casa Blanca, se sabía una banda de trucos y era vivísimo.
Warren Harding no tenía hijos (aunque sí los tuvo su esposa… pero eso es algo que se quería ocultar), tenía una gran debilidad por los animales -sincera, según dicen- y estaba ávido de ganarse el apoyo de las organizaciones de protección de los mismos. Toda la historia cerraba perfecto: Un perro podía -y debía- convertirse en el 3er miembro de la familia gobernante. Así se hizo, y el público respondió… Como pueden ver en las fotos que acompañan este post, Laddie Boy se fotografió con muchos visitantes, curiosos y grandes personalidades. Fué en cierto modo el anfitrión irreemplazable de la Casa Blanca, por muy raro que pueda sonar esto.
Terminé hace escasas horas de leer un breve ensayo (está en PDF, y en inglés) acerca del tema en cuestión, y la verdad es que quedé fascinado con esta historia y los detalles que la rodean. Me impresiona por momentos a lo que somos capaces de llegar los humanos, y es que a veces pienso que nada es imposible para nuestra especie: Nosotros hacemos las reglas, nosotros modificamos los parámetros bajo los cuales medir la aparente “realidad” que nos rodea, y en cierto modo moldeamos nuestros puntos de vista para que bailen y vibren al son del mundo… mundo que por otra parte no nos cansamos de manosear. Es una dialéctica constante, en donde la linea divisoria no existe y nunca existió.
Los diarios de la época (Harding gobernó a principios de los años 20´s) estabán ávidos de noticias sobre Laddie Boy. El público por supuesto que también, y no le importaba demasiado la veracidad de las mismas… Verdad? Mentira? Estamos hablando de un perro, señores! No puede haber falsedades en este tema, ya que somos nosotros los que les insuflamos el alma, día a día, esperando una retribución que por suerte los caninos no se cansan de regalar.
La historia está llena de perros famosos. Lo que me interesó en esta ocasión fueron los pormenores de la “creación” del Primer Perro de los Estados Unidos de América, que tenía que ser un Airedale Terrier, para variar… Recomiendo a todos los “aficionados al perro” indagar un poco mas en este caso particular, que tiene mucho de nosotros y de ellos.
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