El invierno no es precisamente una de mis estaciones favoritas… en realidad es la que menos me gusta, no tanto por la climatología (soy resistente al frío y tengo un anillo +1 a la resistencia al hielo) sino por la hijadeputez del pueblo en general. El frío conspira contra todas las reuniones al aire libre, la gente se vuelve menos propensa a juntarse, la cerveza pasa a un segundo plano, los perros duermen mas de la cuenta, si te caes te quebrás un hueso y la gente se ríe, etc…
En fin: Me gusta el frío, pero no el invierno. Y aun así la llegada del mismo resulta ser una buena noticia para los espíritus contradictorios como el mío. Eso significa que ya falta poco para la primavera, el 21 de septiembre en el Jardín Japonés, las caminatas bajo el sol tibio de octubre… Y la “remera y nada mas”, un viejo placer que me persigue desde la infancia y que me ha llevado a adentrarme en el negocio de las “camisetas estampadas” durante un par de años de mi vida (así es, estimado lector: durante un tiempo estampé remeras para vivir, si es que se le puede llamar vivir a comprar wiimotes e historietas… si, eso es vivir y lo demás son boludeces).
Aunque ya me retiré del negocio, sigo teniendo algún remanente de vinilos termotransferibles y también dispongo de la plancha estampadora (y jamás me desprenderé de tan útil herramienta) y que mejor manera de darle buen uso que poner manos a la obra y preparar YA la colección Primavera-Verano de camisetas Epimundísticas? El terror de las chicas, sí… El terror.
La primer remera (que da inicio al post) es casi una prueba de fuego para el espectador casual: Si la entendés es porque sos viejo. Es imposible que un joven comprenda el poderío de semejante estampa… bueno, no imposible pero sí harto difícil. Mi hermana menor por ejemplo corre con ventaja ya se que se crió conmigo (“ventaja” a la hora de reconocer esta pantalla… el resto es para compadecerla). Seré la envidia de los gordos de 35 años, lo se…
El modelo de la calavera radio-pirata no requiere, por el contrario, ningún tipo de explicación. Hago un programa de radio todos los viernes, soy radioaficionado, y la vez pasé mis buenas tardes infantiles escuchando la 143.900 mhz (frecuencia pirata conocidísima por todos los que anduvieron en los 90s con un handy en la banda de 2 metros). Además tiene toda la onda.
Sam & Max… hace falta agregar algo? En este caso tomé el diseño de un “printscreen” (que viejo soy) tomado de la presentación del capítulo 1 de las nuevas aventuras del conejo y el perro detectives (Telltale Games). Luego lo vectoricé con el Corel, separé los colores, sufrí un poco con el despuntillado (ya hablaré de esto mas adelante, pero para que se hagan una idea: El vinilo es un material plástico que viene en forma de rollo de 50 centímetros de ancho por X de largo. Eso se debe pasar por un plotter “de corte” que en vez de imprimir marca el material con una cuchilla -solo archivos vectorizados se permiten como guía- y luego lo que se debe hacer es quitar el sobrante, dejando solo lo que se pretende estampar… eso, en el caso de la primer remera, es una boludez… en el caso de esta, con todas las lineas finitas y segmentos pequeños y totalmente separados del resto del dibujo… cuesta un huevo) y el resultado final es espectacular.
En la foto se nota un poco el reflejo del flash, pero en vivo y en directo el negro es Bien Negro, y el contraste con el rojo y el amarillo queda completamente cool. Tienen que creerme, ya que con Sam & Max no jodo.
Otro diseño que extraje del tutorial de “Super Meat Boy”… Creo que se explica por si mismo, pero para los que no lo jugaron (y por ende deberían estar flagelándose con un peceto) una imagen vale mas que mil palabras.
Esta remera superespectacular se la “robé” a Sheldon, el personaje friki-autista de The Big Bang Theory. Sabido por todos es que las remeras de Sheldon suelen estar muy copadas, pero esta en particular patea tantos culos que es necesario buscar nuevos horizontes y empezar a patear ojetes de perro, gato, ornitorrinco, corbatita y lechón, porque sino nos quedamos cortos.
Me quedaba en el tintero una remera negra y otra roja… Y era justo y necesario homenajear a los héroes que Editorial Perfil me acercó allá por la primer mitad de los 90s. Cierto es que la revistita en cuestión se llamaba “Flushman”……. pero mi cerebro no llega a tanto y mi autoestima, si bien es altísima, sigue siendo propia de un humano.
Que se venga el verano nomás.
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Tags: remeras










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