
Que el “Chavo del Ocho” -y el resto de los personajes de Chespirito, aunque en menor medida- es uno de los fenómenos culturales mas grandes de Latinoamérica no hay quién lo dude. Sería redundante ponernos a escribir parrafadas de análisis sesudos acerca de este programa que batió records (y los sigue batiendo. Cuarenta años casi ininterrumpidos al aire, repeticiones hasta el presunto hartazgo… y es que en realidad pocos se “hartaron” realmente de este ícono popular) en todo el mundo y que ya no le pertenece a los mexicanos ni al propio Roberto Gomez Bolaños: Es de dominio público por la fuerza del pueblo, por mucho que las leyes de Copyright digan lo contrario.
Y saben por que sería inútil hablar de estos temas en Epimundo? Porque para eso ya existe “El diario del Chavo del Ocho”, un libro escrito por el mismísimo Bolaños en donde el propio Chavo nos cuenta sus aventuras y desventuras luego de pasarlas por el cristal de su infantil visión de las cosas. El libro es muy entretenido y se lee en una tardecita (es, además de fluido, poco extenso), pero a su vez viene con un plus que no podemos dejar de mencionar: El epílogo de Florinda Meza.
Realmente lo que mas me emocionó de este libro fue el final a cargo de “Doña Florinda” (con este tipo de series uno no puede separar el personaje del actor… Sería injusto e hipócrita hacerlo. Desconfíen de los que dicen “Carlos Villagrán” a cada rato en lugar de “Quico” o “Ruben Aguirre” en vez de “Profesor Jirafales”: Son gente mala) en donde se hace un panéo general de lo que significaron las multitudinarias giras del elenco del “Chavo” por toda América (incluyendo el Madison Square Garden, en NY!). Toda esa década de los 70s (la mejor para Chespirito y su arte, sin dudas… Luego en los 80s el programa perdió mucho con los cambios de plantel y el envejecimiento cada vez mas notorio de los actores, aunque aun así han sabido regalarnos capítulos memorables que ya repasaremos en el futuro) fue en cierto modo “mágica” para la cultura popular, con enormes movimientos de gente -cientos de miles- que se amuchaban ante la presencia de sus ídolos y tan solo pedían poder verlos con sus propios ojos. Ese era el único premio que esperaban y aceptaban.
Mágico. El Chavo y su magia colectiva…
Que opino del resto del libro, o sea del “Diario” del Chavo, propiamente dicho? Y que voy a opinar? A mi me encantó, disfruté mucho leyéndolo, y casi me pongo a llorar entre sonrisa y carcajada. Pero mi deber es alertarlos: se encontrarán con un par de párrafos bastante fuertes y crudos, aunque no exentos de optimismo al fin y al cabo. El chavo cuenta todo lo que ve y lo que vivió, y todos sabemos la vida de mierda que supo llevar ese personaje antes (y en cierto modo también después) de establecerse en la Vecindad. Esto no empaña la lectura del libro, pero resultó ser un sorpresa no del todo agradable para mi. Los “niños” de Chespirito son eso: “niños”, con todas las comillas del mundo, y la gracia de “El Chavo del Ocho” radica en que todos sus personajes son interpretados por actores adultos. Es imposible olvidarse de la edad real de aquellas personas, y eso actúa como bálsamo a la hora de aligerar momentos de tensión y violencia que de otro modo resultarían peligrosamente morbosos.
Por eso al leer este libro -que, vuelvo a repetir, me gustó mucho a pesar de estos detalles que nombro- uno corre el riesgo de desdoblar personaje y actor, olvidarse que quien habla es Chespirito y comenzar a crear otro ente en nuestra cabeza: Un niño de ocho años, real, con cara de niño y todo lo demás. Eso es un peligro porque el Chavo dejaría de ser gracioso si se convirtiese efectivamente en un pibito. Por eso los modernos dibujos animados son UNA ABERRACIÓN. Esto es una mierda:
Y no es otra cosa que un adulto amenazando a un niño de nueve años… Pero esto, por otra parte:
Es grositud pura, ya que se trata de Don Ramón enojándose con el boludo de Quico… y todos queremos que lo pellizque, y que se vengue de Doña Florinda. Y que se tome un tequila para festejar.
Así que avisados quedan: Si pueden leer este libro teniendo bien presente la cara de los actores del Chavo y recreando la ficción de toda la vida en vuestras cabecitas, lo disfrutarán plenamente y de paso se emocionarán hasta las lágrimas al leer el epílogo de Doña Florinda y su repaso por aquellos recuerdos de vida de Rock-star que todos los integrantes del plantel mas groso de Latinoamérica supieron vivir durante sus giras. Vale la pena.
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