Antes que nada quiero pedirles disculpas a todos ustedes, oh amados lectores, por no mantener el ritmo de posteos al cual los tenía (mal) acostumbrados. Eso volverá muy pronto, creanmé. Además estoy teniendo problemas con el posicionamiento en Google luego de la migración del blog (obvio, era esperable… pero está siendo algo traumático, y eso hace que las visitas decaigan y mucho), pero confío en que se vaya solucionando.
Este post será corto, ya que tengo TANTO PERO TANTO que contarles… no se imaginan la de chanchadas que estoy haciendo con el Wiimote (el mando de la consola Wii), las porquerías nuevas que tengo para mostrarles, las recetas psicodélicas que tengo agendadas (con fotos y todo) y hay que apurarse porque mi ritmo de vida me exige seguir comprando compulsivamente y experimentando con nuevas formas de frikedad, y temo que se me vaya amontonando material y sea necesario sacar un libro a fin de año… Aunque no sería mala idea.
Año 1989, y los fanáticos de Ghostbusters se habían quedado manija… querían mas. La peli original estuvo buenísima… el juego de Commodore nos había hecho vivir la sensación de comprar una franquicia de Cazafantasmas, ponerse a capturar espectros y ganar dinero… Pero faltaba algo.






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