abr 08

Editorial Columba (para los que han vivido dentro de una burbuja los últimos 400 años, o en su defecto estén leyendo Epimundo desde otro país que no sea la Argentina y sus vecinos) fue la empresa encargada de sacar al mercado revistas emblemáticas como El Tony, Dartagnan, Fantasía e Intervalo, todas ellas cargadas de historietas nacionales cortas, autoconclusivas (esto es: que cuentan una historia de principio a final, sin cliffhangers significativos) pero que a la vez iban formando – por lo general – una “continuidad”. Nippur, Dago, Savarese, Or Grund, Gilgamesh, Mi novia y Yo, Pepe Sanchez y solo estoy nombrando las mas famosas…

Tuve la suerte de cruzarme con material de esta editorial allá lejos y hace tiempo, en mi tierna y boluda infancia. Mi vida nunca volvió a ser la misma, y mi joven cerebro se nutrió de tal manera con esos rostros duros y de ojos marcados en negro, esos colores chillones y ese papel amarillento y berreta (Pulp!) que me es imposible pensar en aventuras e historias de guerra, amor y cuadritos con globos de diálogo sin que me invada todo ese aroma del pasado, todos esos sueños que muchas veces tenían el nombre de Robin Wood en la etiqueta, pero no siempre… Como en el caso de “Stalker”, cuyo responsable no es el prolífico guionista paraguayo sino Gustavo Amezaga (quién colaboró en varios números de Nippur y Dago).

Tengo fascinación por los comics de Columba que toman como ambientación la guerra de Vietnam, y “Stalker” es uno de ellos… pero no se queda allí. La historia trata sobre un soldado americano que fue abandonado en el sudeste asiático por sus compañeros (y consecuentemente fue dado por muerto). La guerra terminó con la victoria de Vietnam del Norte y todas las tropas yanquis regresaron a su país de origen… Excepto Stalker, que sigue vivito y coleando, sobreviviendo en la jungla y combatiendo a quienes quieren darle -esta vez si- verdadera muerte.

Es tan bueno peleando (y ganándose la confianza de los campesinos) que se convierte en un problema diplomático, y no son solo los “vietcong” quienes quieren cazarlo sino también los americanos… Pero Stalker es, además de un noble soldado con altos valores éticos, un maldito bastardo con buena puntería y huevos de acero…

Tomá, gil!

La historia va cambiando de escenario: Primero Vietnam, pero luego Camboya, Tailandia y finalmente Japón (en un giro de los acontecimientos bastante raro, pero no por ello menos divertido). Stalker es la historia de un occidental viviendo entre orientales, luchando contra ellos pero también amándolos, intentando comprender su cultura, huyendo de todos y tomándose cada tanto un respiro para contemplar ese silencio que antecede a la tormenta… Entremezclado con todo ello, no faltan las escenas pochocleras, los tiroteos y las frases escritas en mármol.

Claro que no está a la altura de las grandes obras maestras del género (ni pretende estarlo, o al menos eso percibí), pero me pareció justo rendirle homenaje a una de esas historietas olvidadas y sepultadas bajo cientos de kilos de pulpa de papel mas prestigiosos, y que sin embargo pueden continuar haciendo feliz a un viejo niño de Lanús.

Si la encuentran, péguenle una leída… y sino, chiflen.

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  • Djjlr

    yo soy uruguayo y en mi niñes tambien ley estas revistas ahora ya siendo un cuarenton puedo ver la gran calidad de los dibujantes de aquella epoca cuando leo una tira de ellas uno puede sentir que en una epoca donde todo hera mas dificil los dibujantes ponian esa pasion que deverdad se nota en cada historia esas revistas los dibujantes los que escribian las historias  no tienen nada que envidiar a ninguna revista de hoy y quizas inclusive de seguros son hasta mejor de las que se publican hoy mismo en Argentina yo soy un agradecido de la vida el que alla dado la oportunidad de vivir en esa epoca donde todo se podia reducir a meterse en una historia sentado abajo de un arbol leyendo una revista de  esas y hoy cuando veo a los niños (y a los que ya no lo son tanto) desperdiciando cabeza obsecionados apretando botones en un juego o sus telefonos la verdad me dan Lastima  

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