Agarrensé todos de las manitas, porque vamos a prender el Condensador de Flujo y nos dirigiremos prestos a la década del 80. Aquellos maravillosos años plagados de nuevos electrodomésticos que nos hacían vivir “el futuro”, en el sentido mas mersa de la palabra: Cassettes de audio, VHS, Commodore 64 y, como no, máquinas para fabricar helado.
La “Heladora” Antártida es un ícono de la época, y no solo eso: es increíblemente maravillosa. Fue olvidada por todas las amas de casa -que sin dudas se pusieron de acuerdo en tirarlas todas a la mierda a comienzos de los 90s- de modo misterioso y ya nadie hace helado casero, para variar… Pero si la existencia de Epimundo tiene algún tipo de sentido tiene que ser este: El de pelear batallas ya perdidas de antemano, y resucitar buenas costumbres que se me antojan valiosas en mas de un sentido… Así que acá vamos, dando el puntapié inicial a esta serie de recetas e intentos de lograr el mejor helado del mundo jamás:
HELADO DE DULCE DE LECHE (simple, sin cocción)
Antes que nada debo hacer una aclaración: La Heladora llegó a mis manos a modo de regalo, casi por descarte. Como algunos de ustedes sabrán, este tipo de aparatos funcionan introduciéndolos en el freezer y enchufándolos a 220 volts (mediante un cable que tenemos que sacar por la puerta misma del freezer-heladera-congelador-loquesea). Si tienen congelador con base plástica, esta heladora es posible que no les funcione bien (el recipiente no transmite correctamente el frío). Para ello existe un truquito: depositar la Heladora Antártida en una bandeja de metal con agua y sal. Por suerte yo no tuve ese problema por las características de mi freezer.
Ahora sí, vamos con la receta:
400 gramos de dulce de leche – 200 cm3 de crema de leche – 200 cm3 de leche
Todos estos ingredientes los mezclamos despacio y con amor en el recipiente mismo de la Heladora (tiene que homogeneizarse por completo, y quedará mas o menos como la foto). Cerramos la máquina y la ponemos a trabajar en el freezer por aproximadamente una hora y media, sin asco:
No hay que tenerle miedo a los extraños ruidos que comenzarán a salir de nuestro freezer, porque eso simplemente es la señal de que el mejor helado del mundo se está gestando. Pasada la hora y media revisamos a ver que pasó: Si todavía le falta, no lo apuremos, y no tengamos drama en darle media hora mas (o una hora, de ser necesario… lo importante es que nos quede con una buena textura)
El resultado final es IMPRESIONANTE. Las paletas de la Antártida impiden que el helado se cristalice, y la textura es cremosa y suave, llegando a ser esponjosa (si lo dejamos el tiempo suficiente en el freezer). El sabor… Bueno, que decir del sabor… Le patea el culo a todos los helados de dulce de leche que probé en mi vida. Y eso que es mi primer intento, eh? Ya lo perfeccionaré hasta llegar a la Presidencia de la cámara de Helados.
El único defecto? Se derrite muy rápido una vez servido. Esto no representa ningún problema serio, ojo (con “muy rápido” me refiero a que pasa de sólido a líquido sin muchos puntos intermedios), pero pienso solucionarlo aportándole algún aditivo que le de “cuerpo”, como la gelatina sin sabor. Si pueden hacer la prueba ustedes, por favor coméntenla.
La semana que viene, prometo postear nuevas recetas (extraídas del manual mismo de la Heladora), pero claro que esas requieren cocción y mucho mas laburo, a diferencia de este helado que con casi ningún esfuerzo se encarga de destruirnos la mente para siempre.
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Tags: cocinar en casa, comida, helado
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