En el principio Dios creó las computadoras y los videojuegos. Ordenó los bytes dentro de aparatosos chips, largas cintas magnéticas y, (mas o menos por el cuarto día) en diskettes. Y Dios vió que los diskettes eran rápidos y se la aguantaban bastante.
Y así estuvimos un buen rato, coleccionando juegos que ocupaban no uno, sino diez o hasta veinte diskettes de 1.44 megas cada uno (en el mejor de los casos). Si te llegaba a fallar el disco nro 12, el tiro mas bajito te lo pegabas en las bolas, y el mas elevado te entraba directamente por la campanilla… Además los juegos no podían pesar mas que 60 o 70 megas con toda la furia y super-recontra comprimidos (la instalación podía llevarte años y hasta se dieron casos de niños a los cuales les llegó la pubertad en plena instalación del Space Ace.
Entonces llegó el CD-ROM… Oh por dios, el salto mas importante de la historia de la informática! Creen que exagero? Para nada: De 1.44 megas pasamos a 700! Necesitábamos cientos de diskettes para igualar la capacidad de un plateado disco compacto que nos miraba, nos guiñaba el ojo y nos decía “pibe, vengo cargado de pelotudeces”.
Y entonces ya eran los 90s y estabamos todos completamente locos escuchando Nirvana y con ganas de mudarnos a Seattle… Esa enorme capacidad de almacenamiento nos voló la cabeza y la flasheamos, oh si como la flasheamos: “EL FUTURO DE LOS VIDEOJUEGOS PASA POR EL FULL MOTION VIDEO” nos dijimos todos y sonreímos rabiosamente. Habíamos descubierto La Verdad, y es que no parecía haber otra salida -si lo que queríamos era jugar a juegos cada vez mas realistas- que fusionar lineas de código con actores de carne y hueso, mas o menos como se había hecho con el laserdisc en los 80s, pero esta vez En Serio (o sea, en nuestros hogares, totalmente fumados y dándole probaditas a la “realidad virtual”, jajaja…).
Por supuesto que estabamos completamente equivocados y el FMV nos terminó dejando alguna que otra joyita, varios juegos pasables y una montaña de caca… pero quién nos quita lo bailado? cinco años de pura magia noventosa (92-96, mas o menos…) y la saga MEGARACE.
Me es difícil hablar de este juego. Es TAN GROSO… Es el juego que hizo flashear a los adultos por doquier. Mi viejo no se contuvo y dijo “que hijos de puta! Que bárbaro lo que han logrado…” y saben que? No era para menos. CD-ROM en su máxima expresión.
Un programa de televisión futurista donde se mezcla la realidad virtual y la realidad-realidad… uno de los presentadores-conductores mas bizarros e irritantes de la historia (Lance Boyle)… carreras en las cuales el objetivo no es llegar a la meta antes que los rivales sino directamente eliminarlos por completo mediante golpes y disparos… No podía fallar y no lo hizo.
Además de los veinte minutos de FMV que Megarace tenía para “ofrecernos” (y que luego de conocérnos de memoria ibamos a saltear mediante el sano uso de la barra espaciadora) el verdadero yeite del asunto estaba en los gráficos pre-renderizados del juego de carreras “en si”. Recordemos que estamos hablando del año 1994 y las placas aceleradoras 3d eran mas raras que un billete de 100 pesos con la cara de Dolina, así que la idea de generar una “película” de todo el recorrido y luego superponerle mapas de bits de los coches no era descabellada. De hecho funcionó bastante bien.
Nunca hago una review de un juego sin antes pegarle una jugadita que reviva mis sensaciones. Cada vez que leen posts sobre juegos en Epimundo.com tengan la seguridad de que detrás de toda esa maraña ininteligible de letras y signos de puntuación mal colocados se esconde un “esfuerzo de producción” que consiste en bajar el título en cuestión, jugarlo hasta donde el redactor tenga huevos y luego comparar su memoria emotiva con la inmediata. Esta vez no iba a ser la excepción y debo decir que si bien el verdadero “plato fuerte” iba a llegar con Megarace 2, este juego es toda una muestra de que con ingenio el Full Motion Video era (y, en mi humilde opinión, sigue siendo) un recurso tan válido como tantos otros.
La jugabilidad es simplista a mas no poder: Nuestros contrincantes nos aparecen de a uno (como en el Pole Position) y nuestro cañón equipado al coche nos permitirá ir limpiando la pista de ellos de un modo limpio y ordenado. Si el circuito termina antes de que nosotros hayamos podido hacer explotar todos los virtuales (virtuales?) autitos enemigos, lo siento amigos pero Game Over. O sea que mas que de carreras este juego es un shooter, o mejor dicho es ambas cosas a la vez.
Los circuitos están muy piolas y la onda de pasar por encima de señales marcadas en el piso que nos aceleran o frenan funciona muy bien. Al finalizar cada “misión” podemos cambiar nuestro auto y admirar a Lance Boyle mientras nos explica lo cool que es MegaRace y lo lindo que es vivir en un mundo de fantasía con olor a caucho.
Y una de las cosas que mas hacían reír a los adultos (recordemos que como dije al comienzo del post, este juego fue un verdadero shock para ellos) eran los “premios” luego de ganar una carrera. Un fin de semana para vos solo, con todos los gastos a cargo tuyo… o la autobiografía de Lance Boyle (que por suerte no existe y se trata de una broma). El mundo virtual es muy cruel, pibe…
Feliz muerte, amigo. Feliz muerte, FMV, década del 90, CD-ROM… Los muertos que vos matais, gozan de buena salud en Epimundo…
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Josezanni











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