Ayer nomás les hablé del Pole Position y su infinita importancia a la hora de comprender la movida automovilística de las home computers de los 80´. Hoy les voy a hablar de una saga que le voló la peluca a medio mundo y que hizo estallar nuestros cerebros cual si fuesen neumáticos que ya han derrapado mucho y necesitan un cambio en los boxes… Si, les estoy hablando de PitStop.
El Pole Positión tenía una característica que me olvidé de mencionar ayer (y tal vez no haya sido un olvido sino mas bien una omisión bienintencionada): Como su nombre lo indica, nos presentaba la novedad de tener que “ganarnos” la “pole position” (o sea, la posición privilegiada a la hora de comenzar la carrera) en una ronda clasificatoria previa. Pitstop nos trajo, también como su nombre lo indica -al menos en inglés-, la difícil tarea de comandar un equipo completo de hombres encargados de cambiar las cubiertas maltrechas y llenar el tanque de gasolina de nuestro bólido. Por primera vez (y no se que otros juegos conservaron esta particularidad, eh… no quiero ni pensar que Pitstop es el único…) nuestra habilidad en la pista debe ir coordinada con nuestra velocidad a la hora de movernos en los boxes. Interesante para la época, e interesante para los estándares actuales:
Los gráficos eran bastante chotos, y eso es imposible de negar. El Pole Position se lo pasaba por el fierrito catorce veces seguidas (y eso que el Pole no se caracterizaba por tener los mas bellos sprites precisamente!). Pero su fuerte es la jugabilidad.
Cuando chocamos contra los laterales de la pista o contra algún otro vehículo hinchapelotas (y son miles… vivimos pasando a los contrarios… miles o millones, no se) nuestras cubiertas se van deteriorando y cambiando de color. Pasan de un azul oscuro (excelente estado) a un celeste (mishu-mishu) y por último a un verde (”te vas a lastimar, pelotudo… cambiá las gomas”). A su vez, el indicador de “fuel” va bajando lenta pero consistentemente… Hay que entrar a boxes, hay que entrar. Y hay que hacer las cosas rápido allí dentro.
Epa… Los gráficos no eran tan malos, eh? Ahora siguen siendo una garcha, pero por lo menos son muy funcionales y simpáticos, ajá!!
Con el joystick manejamos el cursor en forma de cruz que nos permite seleccionar a cada muchacho del “pit” y moverlo para que cambie las gomas o cargue nafta. Con un poco de práctica podemos hacer un buen tiempo y festejar con champagne que logramos pasar a 2do grado gamer.
El juego es simple, pero este toque del pit-stop y algunos otros detalles interesantes (la selección de circuitos bastante “fieles” con respecto a los de la vida real, el mapita que nos va indicando por donde estamos y cuando se viene una curva, etc.) convierten a este juego en todo un clásico.
Pero… Y siempre hay un pero… Lo mejor estaba por venir. Los que dicen que segundas partes nunca fueron buenas no tienen ninguna noción de lo que significa Terminator 2 y PITSTOP 2:
Ese arte de tapa… Como me gusta el arte de los juegos de Commodore, la puta madre. Pero no nos desviemos del tema.
Pitstop 2 es como “Pitstop” pero luego de haberse tomado 1000 vasos de leche con Nesquik (y todos sabemos lo BIEN que hace eso, no?). Es fantástico.
En primer lugar hay que hacer una aclaración: Aquí SI estamos corriendo una verdadera carrera contra “alguien”, que puede ser un jodidísimo conductor personificado por nuestra C-64… o un amigo/pariente/enemigo nuestro. Ajá, así es: Pitstop permitía dos jugadores simultaneos a pantalla partida!! Y FUNCIONABA MUY BIEN!!
La Commodore tenía la capacidad de simular este efecto (”Simulvision” creo que se llamaba la técnica) sin practicamente ralentizaciones, lo cual era de agradecer. Este juego se mueve como la seda, tiene un muy buen sonido (dentro de lo que este género permite, claro) y es divertido.
Los gráficos son realmente muy buenos para la época (1984… apenas un año después de la 1ra parte) y la etapa de boxes el tal vez un poquito mas difícil aun. Tal vez este hecho se agrava debido a que ahora si estamos corriendo contra un ser “vivo” que pretende rompernos el culo y esquiva cochecitos como si fuesen patadas en el orto (hoy estoy muy ojete-referenciante, así que sepan disculpar). La tensión nos hace perder valiosos segundos y esto a su vez nos hace romper el joystick y lastimar algún ser querido.
Y la jugabilidad? Claro que es superior. Es todo un reto esquivar a los autos “rivales”, y tomar una curva decentemente puede llevarnos años de aprendizaje (tal vez estoy exagerando… pero es mi blog, no?) Lo que verdaderamente destaco es la absoluta coordinación entre ambas pantallas. Podemos ver realmente lo que ocurre con nuestro rival (y como intenta pasarnos, por ejemplo) y esta visión es “real” y tiene efectos prácticos en el juego (por ejemplo, impedirle el paso moviendo nuestro coche).
Hasta la sensación de velocidad está muy bien lograda teniendo en cuenta el año del cual hablamos. Decir que el Pitstop II tenía “tridimensionalidad” es casi como blasfemar, pero lo que sí tenía era una buena perspectiva y un muy logrado “punto de fuga” en el horizonte, que nunca llegaba a molestar sino mas bien enriquecía la experiencia de juego.
Lo único reprochable a mi gusto es la exagerada reacción de nuestro bólido a la hora de doblar. Por momentos pareciera que estamos corriendo sobre una pista untada con grasa de chinchulines (vieron lo que es esa grasa, no? Vela, señores. Vela y de la peor… pero que ricos son). Uno aprende a amar este juego por sobre todas las cosas y a rezarle todas las noches el “Pitstop nuestro que estás en los boxes”, pero aun así es necesario comentar este defecto.
Les debo un escaneo de la Tu Micro Commodore (en cuanto lo tenga, actualizo el post). Es muy tarde y tengo muchísimo sueño mas no podía dejar a mi fiel público sin su ración diaria de nostalgia bajo el estricto mandato de los 64 kilobytes.
A seguir quemando llantas, chavales… que para eso las cambiamos.
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josepzin





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