Señoras (si es que hay alguna) y señores: Hoy estoy dispuesto a todo. Hoy me dispuse a romper todos los tabues que durante milenios han perjudicado las mentes de los prepúberes y pelotudos grandotes, llevándolos hacia el pantanoso feudo de la culpa culinaria. Esta noche el cuerpo me pide comisaría, así que tengan cuidado de no comerse un sopapo antes de tiempo.
Porque se acabó. Hoy se acabó todo y de una vez.
Por todos es sabido que una de las mas grandes antinomias de la cocina moderna es el “derby de la comida rápida”, esto es: El superclásico que enfrenta a los panchos (o “hot-dogs”) y a las hamburguesas. Dos formas de ver la vida, dos momentos diferentes del día, el sol y la luna, macho y hembra (el macho es el hot-dog), la pimienta contra la sal, el aceite contra el vinagre, etc. etc. y mas etcétera. Complementarios en la dieta de todo buen gordo del siglo XX-XXI, pero motivo de discusión y golpizas a la hora de decantarse por alguno de los dos.
Y es que generalmente los establecimientos que venden salchichas no venden patys, y viceversa. Si, ya se: Los puestitos “24 horas” venden ambas cosas… Pero tu hermana vende otras cosas y yo no ando por ahí diciendo. Creo que me entienden y comprenden a donde quiero llegar con mi ejemplo. La panchería y la hamburguesería son dos lugares reconocibles y a la vez irreconciliables en la imaginación de cualquier cristiano.
En las fiestas para niños (dícese “cumpleaños”) el dilema del organizador suele ser “Pancho o hamburguesa?”. Distinto es el asunto de la bebida, materia en la cual no existe dilema alguno ya que a los niños se les hace ingerir por decreto un bidón de jugo ultra-concentrado y mas inestable molecularmente que lo que le estaba vendiendo Emmet Brown a los Libios aquella vez…
No en vano un famoso y épico videojuego plasmó esta canónica batalla como forma de llamar nuestra atención: El “Burgertime”:
Sensual, no? Mejor dicho: Una de las cosas mas eróticas e inquietantes que he podido ver.
Pero en Epimundo nos pasamos todo por la pierna. No me malinterpreten: Esta lucha va a seguir existiendo y así es como debe ser… Pero ya es hora de abonar el terreno, poner unas banderitas y hacer que estos dos heroes de la comida chatarra se den la mano. Con Ustedes: Una hamburguesa con base de salchicha… una hamburguesa con gusto a pancho… Si, Si, Si! I did it again!
Que nos hace falta? 5 salchichas de frigorífico (o sea, no las que venden envasadas y son de caucho-plástico: Salchichas de a de veras) y 650 gramos de carne de vaca picada. Vamos a hacer patys, así que la “picada” tiene que estar presente como todas las otras veces.
Y que hacemos? Pues procesamos los embutidos hasta que se forme una pasta que nada tenga que ver con su anterior forma (como un paté debe quedar) Si es necesario agregamos un chorrito de agua (poco, poco) para colaborar con el procesado y que no queden salchis volando de aquí para allá esquivando las lúgubres cuchillas.
Espectacular… Ustedes no saben lo que es esa pasta. Se siente que estamos haciendo ALGO MALO. Algo BLASFEMO. Se palpa en el ambiente y los pelitos de todo el cuerpo se me erizan, presagiando algo fuete.
Luego solo nos queda mezclar ambas preparaciones (picada y salchicha) a la vez que le agregamos un chorrito de mostaza, otro de ketchup, un poco de sal (poca, porque la salchicha ya tiene bastante) pimienta, orégano y un poco de maicena. Hay que mezclar bien, bien, con las manos, dejando que la pasta pase por entre nuestros dedos y se homogeinice todo perfectamente.
Un dato a tener en cuenta es que esta pasta ligará menos que una de carne picada pura y exclusivamente, por lo que lo ideal sería agregarle un huevo a la preparación… Yo no lo hice y si bien la receta salió espectacular, reconozco que le faltaba ese toque anti-granulado tan necesario a la hora de comer una hamburguesa tipo sandwich.
Solo nos queda armar los “patties” con la mano usando el viejo método Trudodeni (esto es: formando una bolita de masa cárnica y lanzándola de mano a mano para que se apelmace, y luego achatarla y directo a la sartén):
Que se siente? Que pasó? Como es esto?
Los que estén familiarizados con el sabor de la salchicha que no sea “Vienissima” y esas marcas mainstream sentirán como un viejo y clásico sabor vuelve a sus bocas pero con otro nivel de tostadez y con otra textura. Raro, pero riquísimo, les juro.
Los que, por otra parte, quieran encarar el asunto como “me estoy morfando una hamburguesa saborizada” sentirán como la estantería se les viene encima de la cabeza, los mata, reviven y se comen un chegusán que es cualquier cosa menos el “paty de toda la vida”. Conocerán el placer y le darán la mano amistosamente, mientras reempujan el bolo alimenticio con salvadora gaseosa fría.
De Alemania nos llegó la hamburguesa. De Alemania nos llegó la salchicha. Luego se hicieron universales y lo invadieron todo. En Epimundo.com unieron sus vidas en sacrílego matrimonio.
Que lo disfruten.
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Ceci
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lidaz




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