Que lindos eran los arcades, no?
Vaya pregunta boluda, porque hasta para el mas obtuso de mis lectores está claro que “los fichines” fueron nuestra fuente de inspiración… la alegría de todos los niños que alborozados gustan de correr por la pradera al grito de “Hadouken!” y “apapachuruken!” (o lo que mierda diga Ryu cuando hace la patada giratoria). Oh, si. Los arcades nos prepararon para un mundo lleno de alegría y sueños lúdicos (y húmedos).
Luego la realidad nos golpeó en la cara con una manopla untada con caca, pero esa es otra historia… sigamos con lo de los fichines:
Estaba yo paseando por el interior de una de esas salas mágicas de la felicidad allá por el año 91 o 92. Mar de Ajó, o Mar del Plata, no recuerdo bién… Cuando divisé una maquinola que me llamó poderosamente la atención ya que adolecía de una pantalla un poco mas horizontal que de costumbre:
Si, era el Tehken World Cup. Un juego de fútbol en el cual solo podía verse el marulo y los hombros de los jugadores (porque la “cámara tenía el tupé de estar ubicada en el cielo). Yo la flashié. En esa época no fumaba ningún tipo de hongos alucinógenos porque me bastaba con el Naranjú de ananá, así que podemos contar esa experiencia psicotrópica como algo totalmente genuino y fuera del alcance de las cosas fetes y feas.
Me emocionó el realismo que proporcionaba el tener al tubo del monitor “acostado”, y que sumado a la perspectiva que el juego utilizaba lograba como resultado el imaginar que estabamos manejando verdaderos muñequitos en un tablero. Además el jueguito en si estaba bueno, y si bien no era muy detallado en el asunto de los centros al area y las gambetas (claro) igual se pavoneaba con remates en diagonal y fuertes zancadillas… o sea, todo lo que un pibito necesitaba para ser feliz frente a una pelota en bitmap.
Lo jugué un poco y luego me olvidé de el… la distancia es la partera del olvido, dijo Lenin (o se olvidó de decir), y yo había tenido que regresar a Lanús cuando las vacaciones de mi padre finalizaron. Se me había ido de la cabeza hasta que me topé con el “Microprose Soccer” para PC y… oh shit! Era muy parecido! Otra vez los jugadores cabezones que se tiran a los pies y recorren 10 metros… “Que lindo” me dije, y lo jugué durante un año entero, hasta que llegó el Striker a mi vida (pero esa es otra historia).
Recuerdan esta pantalla? Seleccionabamos la cantidad de Joysticks luego de elegir que versión del Microprose Soccer jugar. Si, porque en realidad son dos juegos en uno: el “outdoor” y el “indoor”. Como verán, podiamos darnos el gusto de jugarnos unos partiditos de fútbol sala yanki con paredes rebotonas.
En el modo “outdoor” (el fútbol de toda la vida al aire libre y con once jugadores sobre el verde cesped) podiamos darnos el lujo de jugar un mundial y escoger a OMAN, la peor selección de la historia de la humanidad. Es todo un reto salir campeón con un equipo choto de la península arábica, y eso era lo que intentabamos hacer los pibitos grosos que ya nos habíamos ganado todas las copas dirigiendo a Brasil y Argentina. Ya pasaron mas de 15 años de la última vez que jugué “en serio” a este juego… pero igual quiero probar con Oman, señores… no le tengo miedo a nada, y los irlandeses son todos putos:
Arranca el partido y vuelven a mi memoria los detalles que me atormentaron de niñito: Es muy difícil manejar a los jugadores! Si, no se puede ir en diagonal pulsando dos flechas a la vez, sino que hay que utilizar el teclado numérico y apretar el 7, el 9, el 1 o el 3 para moverse oblicuamente (shit). Eso complica bastante las cosas pero igual tengo que seguir adelante por el honor del sultanato de Oman. El color verde furioso del cesped es una verdadera bocanada de aire retro que llena mis pulmones… ahhh, que lindo.
Pero las cosas empiezan a salir mal para mi equipo. La velocidad del juego es muy alta, y se me viene a la mente en esta ocasión una imagen que he repetido hasta el hartazgo: desactivar el “turbo” de la PC. Si, en esa época existía un botoncito en el frente del gabinete que servía para sacarle mhz al micro…
Si, muchachitos que no vivieron aquella época: LOS VIEJOS LE SACABAMOS VELOCIDAD A LA PC… ADREDE. No lo haciamos sin querer instalando Windows 95, no… Se la sacábamos mediante un botoncito. Y esto servía para jugar a ciertos videojuegos que carecían de control de velocidad y andaban mas rápido de lo que se podía tolerar sin que se resienta el gameplay. Y este Microprose Soccer no se zarpa, pero anda demasiado a los pedos para mi, y es por eso (y no porque ya estoy viejo) que los irlandeses me cogieron:
Hijos de puta, ahora vayan a pedirle petroleo a la concha de su madre.
Pero me divertí a pesar de la goleada en contra. Me divertí recordando las zancadillas violentas, el arquero manual (sep… teniamos que manejar el arquero, lo cual solía ser bastante malo para nosotros y glorioso para el espectáculo) y los replays de los goles. Un buen juego el Microprose Soccer, que joder…
Además contemplaba la meteorología (uno de los pocos de la época) regalándonos campos de juego lluviosos y patinosos. Era realmente increible tirarse a barrer en el barro: saliamos patinando de culo llevándonos puesto al jugador que lleva la pelota (si teníamos suerte) e incluso matando a un par de ballboys, porque no era difícil terminar fuera del campo de juego por la patinada. Glorioso.
Me olvidaba del “Modo indoor”? No, no me puedo olvidar de esto. Simplemente lo estaba dejando para el final.
El fútbol sala es una masa. Lleno de alegría y candor… pero principalmente lleno de QUILOMBO. No se sabe bien que mierda está pasando en cada momento, porque los rebotes en las paredes no dejan tiempo a la reacción. Los arqueros pueden salir del arco impunemente, las paredes rebotonas pueden (y deben!) usarse para meter goles de carambola, y muchas veces la pelota queda picando en el mismo sitio mientras todos los jugadores giran en círculo intentando atinar y llevársela en los pies (y es que en este juego tenemos la pelota atada… ese es su gran defecto de realismo que luego vino a subsanar un grande del género deportivo llamado “Sensible Soccer”).
Podemos escoger cualquier equipo de la poderosa liga estadounidense (a mi me gustaba “Reno”, seguramente por Papá Noel y todo eso… si, así de boludo era de niño) y con eso bastaba, porque el alegror que este juego me provocaba no se iba ni siquiera memorizando los nombres de esos ignotos clubes del norte.
Y así fué como pasé un bello año de mi vida, recordando viejos arcades que ya nunca iban a volver a mi vida, o al menos no de la misma manera y generando el mismo entusiasmo en mi. Cada vez mas y mejor juegos de fútbol irrumpían en escena y la competencia era atroz… pero que bueno que estaba este fulbito, che.
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emilio






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