La verdad es que siempre tuve una cierta admiración hacia la gente que se anima a subirse a una montaña rusa. No porque yo sea una persona que rehuse de los desafíos peligrosos (de hecho, hice cosas MUCHO mas zarpadas que subirme a un juego de estos del Parque de la Costa… cosas jodidas que han puesto en riesgo mi vida en grado sumo), sino porque tengo un vértigo galopante en situaciones así.
Y otra cosa: Me agarran nauseas. Y las nauseas sumadas al vértigo dan como resultado que el pancho con salsa “cuatro quesos” que me suelo comer antes de subir a una atracción del parque… salga disparado por mi boca, en forma de vómito.
Conclusión: No se suban conmigo a una montaña rusa. O mejor aun: No se me acerquen nunca, bajo ningún concepto.
Pero si bien no puedo usar estos aparatos de un modo físico, sí me divierte (y mucho) toda la temática de los carritos en caída libre, y los colores naranja, y los loops y los gritos desaforados del pueblo soberano que sufre los efectos de la gravedad… A su vez: Me gustan las computadoras. Por eso me instalé el “Nolimits Roller Coaster” y me dispuse a pasar unos gratos momentos de tranquila y cómoda aventura vertiginosa.
En realidad el juego consta de tres módulos independientes y bien diferenciados: Un editor de montañas rusas (que yo no he sabido manejar, pero la verdad es que pinta lindo, y es la verdadera salsa de este título) con el cual se pueden modificar las mas de 20 construcciones que vienen por defecto o crear una desde 0, un “Terraformer” (o sea, un programa para modificar el terreno en el cual van a ir establecidas las montañas) y el simulador propiamente dicho.
Yo voy a centrarme en el simulador, aunque entiendo que crear una diversión desde 0 debe ser espectacular, y te debés sentir Carlos Disney. Pero bueno, soy un tipo muy ocupado (el “Arkham Asylum” está consumiéndome toda la energía vital y el maná) y quiero acción y pochoclos. Así que escogí una Montaña Rusa llamada “Giant no se qué” (o algo así) y me lancé a la sabrosura:
Salimos con nuestro carrito, y notamos que los gráficos, si bien son un poco anticuados, cumplen perfectamente con su cometido. Los árboles son mapas de bits (lógico) pero los rieles se la bancan, y el conjunto en general es muy agradable a la vista. Moviendo el mouse podemos girar nuestra “cabeza”, para enterarnos en todo momento que es lo que acontece a nuestro alrededor… o para pedir auxilio.
Todo va bien por ahora, recién es la 1er curva y no parece ocurrir nada interesante. Siento que pierdo una fortuna solo con estar parado… Pero…
Empezamos a subir, y se escucha el típico sonido de una montaña rusa que… bueno, que empieza a hacer subir a su carrito. Despacio y sin prisa, pero cada vez mas lejos del piso donde nacimos.
Y se nos viene la caída libre! La sensación de vértigo está muy buena, la verdad. Idas y vueltas, loops e inclinaciones de changuito… Todo ocurre rápidamente en estos 2 minutos que dura el recorrido. Me bajo del juego, y puedo decir con orgullo: “Sí, Mamá!: LO HICE”.
Me dieron ganas de modificar alguna construcción. Debe ser espectacular probar una montaña rusa que vos mismo hiciste, con todos los chiches que quieras y toda la pelota. Pienso hacer una subida de 1000000 metros, y una bajada a 1000 kilómetros por hora, y todo pintado de verde fluorescente, y un palo metido en el…. Bueno, creo que la mayor parte de las cosas que quiero hacer con este juego no son posibles, pero me conformo con poder hacer una buena subida.
Mientras yo me decido entre seguir probando el simulador o aprender a usar el editor, les dejo un par de videos de gente mucho mas inteligente que yo, y que ha creado sus propias edificaciones, llenas de volteretas y monos capuchinos:
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luis




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