La pizza es, después de la rueda y el disco LP, uno de los mas grandes inventos de la raza humana.
Tal parece que la forma redonda de un objeto suele garantizar su grositud y veneración a través del tiempo. Yo desde luego no tengo una teoría de por qué ocurre tal cosa, pero me atrevo a pensar que tiene algo que ver con los huevos que hay que tener para inventar semejantes cosas (“hay que tener las bolas muuuuy bien puestas para este trabajo…”, me dijo la otra vez el parrillero de la esquina de mi casa, mientras era insultado por dos borrachos).
Lo que es innegable es la primer frase: La pizza es grositud pura. Al que se le ocurrió poner queso encima de un pan y derretirlo con fuego al palo… No se, poco es lo que podamos ofrendarle, porque mucho es lo que nos ha regalado ese hijo de puta soñador.
Es tan rara además… encaja tan poco entre las demás comidas. Por eso existen las “pizzerías”, lugares donde basicamente se come eso y nada mas (bueno, en Argentina, producto de un casamiento bastante simpático del cual ya hablaré mas adelante, también se aprovecha el horno pizzero para la confección de empanadas). Y las pizzerías de Buenos Aires se caracterizan por ser de las mejores del mundo. No están en Italia las mejores, oh no. Según parece, el grado de perfección se alcanzó por ahí, por Corrientes, o por Lavalle… pero por ahí.
Como me habían llegado comentarios positivos acerca de dos establecimientos de gran fama y prestigio, y teniendo en cuenta que ambos se ubican a escasos 50 metros de distancia sobre la transitada Calle Corrientes de Buenos Aires, se me ocurrió revivir las viejas artes de “Epimundo Investiga” y probar ambas pizzas… y cotejar ambos sitios. Estas dos pizzerías son nada mas y nada menos que Guerrín y Banchero.
Armado con mi MP4 justiciero, y acompañado por Lili (quién me ayudó con la degustación, ya que sabe mucho de todo esto), comienzo mi raid alimenticio:
Esta es la entrada de Guerrín. La pinta es de una pizzería bastante clásica… mucho marmol, muy “blanca” por dentro… aséptica diría yo, al menos a la vista.
Pero entremos, entremos… que se nos enfría la muzza:
Lo que me encontré dentro no me sorprendío, pero si es digno de contar. Es un establecimiento basicamente para comer “de dorapa”, es decir: sobre nuestras patas traseras. Si bien hay mesitas, son pocas y están en el “fondito” del lugar, llenas de calor y aisladas de tal manera de la felicidad, que realmente me da pena por los viejos esos que se sentaron… Guerrín parece ser un lugar donde las cosas se hacen a las apuradas, y así debe seguir siéndolo.
En la foto se puede ver a gente de toda extracción social, cultural y étnica, compartiendo el momento en silencio… disfrutando el enrosque de la muzzarella derretida en el tenedor.
Vista de las “mesitas” de la muerte.
En la caja registradora se puede leer algo que me fascinó: “No se aceptan tarjetas de crédito, ni de débito, ni ticket”. O sea, no se acepta una mierda. No se acepta nada, y dejate de joder y sacá tus sucios billetes y dámelos, que yo sabré que hacer con ellos. Me gusta, porque esta es una pizzería a la vieja usanza, y pagar con VISA una porción de fainá debe ser una de las cosas mas new age que existen… Así que dejá de pronunciar “trainer”, “laundry” y esas pelotudeces, y entregate a la verdadera alegría.
A todo esto, pedimos dos porciones de muzzarella. Lo clásico, bah.
Y la imagen no puede ser mas elocuente…
MUCHO QUESO. MUCHO, EH. Excelentemente derretido, deslizándose por los bordes de la masa, casi escurriéndose sensualmente (lo que nos obliga, ademas de a secarnos la baba con la campera, a “enroscar” repetidas veces el asunto). La calidad de la muzza es buenísima también, entre blanca y amarilla, pero en definitiva con ese color que nos hace pensar que estamos ante “un buen producto”.
Y la masa? Puf… Es de molde, y es alta, lo que la hace poco atractiva para los amantes de la pizza a la piedra quizás. Pero aparte de alta, es esponjosa y muy liviana a la hora de masticar. El gusto es sabroso in extremis, y bien se puede comer sin queso, cual si fuera un pancito saborizado. El resto de la pizza (tomate, por ejemplo) no desentona para nada, aunque no viene en exceso.
Yo destacaría dos cosas que le faltan (a mi humilde gusto) para ser perfecta: Un poco de condimento por encima, y algo mas de crocantez en el “tronquito”. Lo del condimento nos quedó la duda si es que tuvimos mala suerte, porque nos pareció ver en los platos de otros cristianos que allí compartían también el alimento, un poco de orégano esparcido por encima… aunque tal vez se trate de otro menú (“Pizza de pomarola”, según leí por ahí). No es importante, porque la pizza es genial así… pero es un gusto personal. Lo del tronquito tal vez no pueda lograrse directamente, debido a la altura de la masa y al estilo de la misma, y la verdad es que es buenísimo también como está… es casi como comerse una nube, de tan suave y liviana que es…
Carajo, que buena pizza. Todas las críticas que pueda hacerle se diluyen en un mar de químicos cerebrales… de esos que el cuerpo libera cuando nos excitamos. Al fin y al cabo la “pizza de Guerrín” ES ASÍ, y tiene PERSONALIDAD. Pensandolo bien no hay que intentar cambiarla, porque se corre el riesgo de destruirla. Yo le pongo un 9,50 de puntaje, lo cual es mucho.
Ahora vamos a por el local de “Banchero”, ubicado practicamente en la esquina del anterior. Digo “el local”, porque justamente Banchero tiene otros establecimientos, y yo solo puedo referirme en esta reseña al que está en Corrientes al 1300, porque es el que visité.
De por si la ambientación es muuuy diferente. Mucho mas apacible, amplia y cómoda. Se trata de un restaurante hecho y derecho, con mesas y sillas, con 1er piso (es una especie de gallinero de teatro, muy típico de estos sitios… o también se puede hacer un paralelismo con una segunda bandeja de un estadio de fútbol… con la diferencia de que no te escupen y mean desde arriba, porque la gente que va a Banchero es gente muy educada).
El lugar, además, esta adornado con fotos del Señor Banchero (si, no es una joda mía, es así… aunque siempre hago esta clase de chistes del tipo “Carlos Cocacola” o “Jean Paul Roquefort”, esta vez es en serio) saludándose con diferentes personalidades de antaño. En la imagen podemos ver a Pepe Iglesias “El Zorro”, un reconocido humorista del año del pedalín. No confundir con Guy Williams y su superheroe de capa y antifaz (del cual soy fanático)… De todos modos al principio con Lili leimos “El Zorro” y nos hicimos un quilombo en el cerebro.
Ya sentados, pedimos una pizza chica de Muzzarella. Hay que decir algo: Los precios son mas elevados que en Guerrín… Bastante mas elevados. De hecho, Guerrín se la banca bastante, convirtiéndose en una de las mejores opciones a nivel calidad-precio de la Argentina toda.
Supongo que es el precio que hay que pagar por una buena pizza, mientras te podés sentar comodamente y bla bla bla… Bueno, a ver que tal está…
La pinta es excelente, hay que decirlo.
De entrada podemos notar la existencia de aceitunas descarozadas, lo que es un golazo para quienes gustamos de hacer esa estupidez de cortarla al medio y “clavarla” en el queso, para disfrutarla en conjunto. En Guerrín no nos sirvieron aceitunas (desconocemos si se debe a que pedimos solamente porciones y no la redondela completa… pero es algo que echamos también en falta, claro). También se puede ver una presencia fuerte de condimento y de “aceitito” por encima de la muzza…
Rica. Muy rica. Muy buena pizza. Recomendable? Por supuesto. Peeeeero… Esto es un duelo entre titanes, y hay que comparar, así que acá vamos:
-Como puntos a favor podemos mencionar la existencia de aceitunitas, la presencia de orégano y aceitito saborizado y una mayor preponderancia del tronquito final. De todos modos el aceite parece excesivo, y si tuviera menos sería genial, pero así como está es muy común que “pervierta” los ingredientes, llevándolos hacia la perdición.
-La salsa está muy bien, tiene mas importancia aquí… digamos que es una pizza mas clásica, con menos Personalidad que la otra, mas parecida a las que te podés encontrar en otras tantas buenas pizzerías de Buenos Aires.
-El queso es superado ampliamente por el de Guerrín. Es bueno, ojo. Pero el otro se zarpa. Además, en este caso no viene tan abundante.
-La masa está buena, pero es mucho mas insípida. La otra se puede comer sola… esta, no. Esta es un excelente acompañamiento, pero no puede protagonizar un sketch.
En resúmen: Banchero es un lugar buenísimo para ir a comer con amigos (o con alguna señorita que nos levantamos por Corrientes mismo, claro… Basta con mostrarle una porción de muzzarella a cualquier Mujer que se precie, para que caiga rendida ante los pasos del macho). La comida es buenísima, la ambientación está bien y se trata de un lugar con mucha movida, practicamente en el centro mismo de Buenos Aires… Un lugar de encuentro, bah. Pero hablando de lo estrictamente gastronómico, le doy un 8,50.
GUERRIN, EL GANADOR DE ESTA CONTIENDA, es solamente un lugar de paso. Un lugar de gente solitaria, oficinistas, turistas morfísticos (Como yo) y gente que ama la buena comida. Es comer e irse, en silencio… pero con una sonrisa en el alma. Es una pizza excelente, con muy pocos puntos en contra y, lo principal, con características propias e identificables. Recomiendo Guerrín para una experiencia a nivel papilas gustativas, a un precio módico teniendo en cuenta su calidad.
Me falto probar la fainá y otros tipos de menú (calabresa, con palmitos, etc.), pero todo no se puede en una sola noche. Creo que comparando ambas de muzzarella ya se pueden sacar unas conclusiones bastante definitivas, teniendo en cuenta que es la pizza “estandar” y el emblema de la alimentación porteña.
Así que ya saben: Guerrín patea culos… oh si, como los patea Guerrín.
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