Todo lo que comemos hoy en día tiene colorantes. Bueno, no todo… pero casi. Desde lo mas obvio (caramelos y chicles) hasta productos que uno puede imaginar como completamente puros y “tradicionales” como el vino, el whisky y el salmón (si… el salmón a veces viene coloreado… la puta madre, no se puede confiar ni en Aquaman).
Esto no es necesariamente malo. Lo malo es que la gente no lo sepa. Si hay alguien que todavía piensa que la Fanta lleva naturalmente ese color naranja producto del zumo de la fruta… es porque es tonto, o porque nunca exprimió una naranja en su entera y fracasada vida. O sea que lo importante es asumirnos de una buena vez como consumidores de estética, porque eso es lo que somos. Y evitar el engaño.
Los colorantes son en ocasiones algo muy agradable. La vista es un sentido muy importante a la hora de comer y beber, y los seres humanos asociamos sabores con colores desde siempre. Una salsa de tomate de color verde… genera cierta sensación de desapego a las raices y las buenas costumbres, salvo que seamos gente de avanzada. Esperamos que un whisky sea de color caramelo, aunque por defecto esta bebida es transparente (es un destilado), y ese color se lo suele dar (en los whiskies de calidad) el contacto con el roble durante años… Y en los “guisquis” que solemos tomar, un poco de azucar derretida.
Así que ya asumidos como entes jodones y carentes de moral, Epimundo.com los invita a disfrutar de un recorrido por las aguas turbias y fluorescentes del colorante alimenticio.
Recuerdan esos juguetes que nos invitaban a hacer comida? Si, claro que los recuerdan, y sino aqui estoy yo, cual hado padrino, para hacer “splash!” (sonó muy acuático… “pim!”, o algo así está mejor) y materializarles un pedazo de nostalgia.
Juegos como ESTE. Se podían ver por la tele, y yo jamás tuve uno, claro. Yo era pobre y coleccionaba piojos. Pero conocía su existencia, oh si.
En este caso estamos viendo la caja del “Profesor Horribilus” (original nombre, uh!) y su laboratorio de bebidas. En el (según parece) se pueden hacer cosas tan ricas como un tubo de ensayo lleno de “sangre podrida”, y asquerosidades similares que ni me animo a pronunciar porque tengo miedo.
Es fantástico. Me encantaría volver a ser niño para jugar con esto… O mejor aun: Poder comprármelo ahora, que tengo dinero. Los niños no tienen tarjeta de crédito, con la noble excepción de Macola Caulkin, también conocido como Home Alone. En realidad no quiero ser niño de nuevo, ya que soy en la actualidad un niño gordo y enorme de a de veras, y pienso seguir siéndolo hasta que me revienten la cabeza con un cascote jugando a “la guerrita”.
El problema es que no lo consigo por ningún lado. Así que me dije a mi mismo: “Y por qué no boludear un poco con colorantes de cotillón?”. Y así lo hice.
Vas a cualquier negocio que venda productos cotilloneros y le pedís “señora, deme colorantes” (si es un tipo el que te atiende, LA FRASE NO VARÍA). Son baratísimos, y rinden un montón. Generalmente se usan para colorear la cobertura de las tortas (si queremos hacer un cumpleañitos para un pibito que es de Boquita, le hacemos una tortita de azul y amarillito, y así por el estilo… hablo en diminutivo porque ASÍ es como te tratan en ese tipo de establecimientos), pero pueden usarse basicamente para cualquier cosa.
Yo me llevé un frasquito de azul y otro de verde, por un total de 4 pesos con 50 centavos, o sea: Poco.
Que? Que pasa? Es una leche con Nesquik… y? Algún problema con ella?
Y que es ese tarrito con una pasta verde oscura a su lado? Ah, claro. Sos muy obvio, Epifanicus.
No se si vieron en los supermercados esa promoción de Nesquik por motivo del lanzamiento de “Shrek 3″. Era simplemente un cacao común y corriente, con un aditivo que convertía a la leche en un brebaje verde, haciéndole honor al ogro (no, 9 de river no… ese es un personaje de ficción). Yo no pude comprarme ese producto, pero voy a recrear la misma sensación aquí en mi casa:
Acá tienen, guachos! Una bebida del demonio mismo. Si hasta parece algo psicodélico… o cannabico… Pero no, les juro que al menos este vaso esta compuesto unicamente de leche pasteurizada, cacao y color verde agregado.
“Y que gusto tiene?” Normal. No hace falta mucho para pintarlo, basta con usar un escarbadiente y agarrar un poquitito de la pasta oscura en cuestión, y revolver… Hay que hacerlo un rato, porque sino se forman grumos y si bien el colorante no es nocivo para nuestra salud, comerse un pedazo de el puede resultar traumante, y costarnos años de psicólogo.
Pero todo lo que vieron hasta ahora es poco, a comparación de lo que se viene en los siguientes párrafos… La asquerosidad que voy a hacer… la chanchada de la cual ustedes serán testigos… Y lo peor es que lo hago por el bien de la patria, que ya es mucho decir.
Locro, buseca, empanadas, asado y achuras a las brasas, pastelitos de dulce y milanesas con papafritas… Que tienen en común todos estos morfis? Que son mas argentinos que Alejandro Dolina. Amo estas comidas, y creo que si bien la gastronomía patria no es de las mejores del mundo (y carece bastante de identidad), estos platillos hacen que mi estómago pida por favor.
Pero yo voy a ir un paso mas allá: Si los mexicanos pueden hacer comidas con los colores de su bandera (blanco, verde y rojo), por qué nosotros no podemos hacerlo? Si, es cierto que ellos con mezclar ajíes y cebolla ya lo logran, y nosotros no tenemos ningún alimento de color azul (ni nosotros ni nadie, claro). Pero para que estoy yo?
Hervimos un poco de papa, la hacemos puré y le agregamos colorante azul:
Da miedo, verdad? Oh, si… pero tranquilos: No se modifica el sabor, y simplemente estamos haciendo un experimento… Si algo sale mal, hacemos de cuenta que no pasó nada y ya.
Tenemos el celeste de nuestra bandera (es un celeste un poco fuerte… creo que se me fué la mano con el color. Pero ustedes vieron que hay banderas de colores bastante fuertes, en especial las primeras que se hicieron, allá por 1812… Bueno, esta es una bandera de esa época y se acabó.
Y para finalizar, una rodaja de huevo duro. Colocamos el puré en un moldecito de aluminio, condimentamos y decoramos con nuestro blanco de las nubes y el sol refulgiente que nos mira con cara de orto:
Si esto no es patriotismo… Y que no me vengan con que es una falta de respeto (y una asquerosidad) porque ya lo se. El tema es que es rico, y mientras uno lo hace siente que se está comiendo a la mismísima República Argentina. Uno se siente el FMI.
Las posibilidades con el colorante son ilimitadas. La vez pasada mi hermana me comentó la idea de hacer bebidas fluorescentes (a las cuales se les puede ver su cualidad con luz “negra”). Eso debe ser común en boliches y eso, supongo… pero bueno, no descarto hacer la prueba para una próxima edición de Epimundo.com – La página inutil pero que te hace pensar.
-
Silvia_25
-
yelinna
-
Epifanio





Ultimos comentarios