Acabo de comer los últimos restos de una comida espectacular que paso a relatarles a todos ustedes, amantes de los deportes extremos y las culturas de Oriente Medio (que, en determinadas épocas, viene a ser mas o menos lo mismo).
Todos conocen el “Keppe”, no? Bueno, no… Explico: El Keppe es una especie de albóndiga de origen árabe, que se forma con carne picada y trigo burgol (o “cous-cous”). Se puede comer frito o directamente crudo, porque a los descendientes de la península arábiga les gusta las emociones fuertes, la túnica fría y las albóndigas LOCAS LOCAS.
En que estábamos? Ah! en que el Keppe es lo mas. Y si, lo es, mas que nada por la novedad del trigo, que le da una textura muy copada y desconocida para los sudacas como nosotros. En este pueblo comemos las cosas con arroz, con harina (de trigo, pero harina), con polenta y con aspirinetas… pero nunca con granos de trigo así, medio rotos, como es el “burgol”. Y la verdad es que nos perdemos de mucho.
Por eso me decidí a hacer una especie de albóndiga árabe gigante, pero al horno. Si, un pastel de carne (o “Pan de carne”) como tipicamente consumimos en la Pampa Ondulada, pero con toques exóticos. Epimundo es universal.
Ingredientes: 800 gramos de carne picada. Un huevo. 100 gramos de trigo burgol. Una cebolla mediana cortada en cubos bien pequeños, 50 gramos de pasas de uva. 70 gramos de nueces peladas y troceadas en pedacitos. Sal, pimienta y curry a gusto.
“Agarramos el trigo burgol y lo hidratamos previamente durante 12 horas (es decir, lo ponemos en un plato hondo cubierto con agua). Luego lo hervimos unos minutos y lo colamos.” Todo esto lo pongo entre comillas porque tengo muchas ganas de hacer eso. Cuando ya está el trigo cocinado, mezclamos TODOS LOS INGREDIENTES en un bol. Hay que amasar bien, hay que usar las manos para mezclar todo y que se unifiquen los sabores, nada de la mariconeada de usar tenedor… que la carne picada se escurra entre los dedos y recibamos el poder de la grasitud en nuestras almas.
Llevamos esta mezcla a la heladera y la dejamos reposar un par de horas. Luego, calentamos nuestro hornito favorito a 200 grados (es decir… horno fuerte) y hacemos una especie de albóndiga alargada sobre la asadera. No hace falta colocarle mas nada, aunque algunos preferirán un poco de pimienta sobre la superficie… y tal vez orégano y un chorrito de aceite (todo depende de la sagra que tenga la carne picada).
Metemos al horno por una hora aproximadamente (vamos revisando, en cuanto está bien dorado pinchamos o cortamos una rodajita a ver si está cocinado:
Impresionante, verdad? Vale decir que yo soy usuario del famoso método “Gordon Grasient”, que consiste en cada tanto abrir la puerta del horno y rociar los jugos que se van acumulando en la asadera, por encima de nuestro pastel de carne árabe. Eso le aporta sabrosidad y doradez.
Cortamos despacito en rodajas, y servimos con una ensalada con muuucho vinagre o aceto balsámico. Yo recomiendo lechuga y cebolla, nada mas:
El plato no es tan exótico, ni siquiera para los paladares mas criollos. El gusto es espectacular, el trigo separa la carne picada, descompactándola y haciéndola mas “suave” al diente, y el contraste entre el dulce de las pasas y la crocantez de la nuez… bueno, que mas les puedo contar…
Háganlo.
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