El título ya suena violento, verdad?
Y es que esta receta, si bien no es tan “espectacular” en su preparación como otras de este blog, es muy buena y uno puede quedar muy bien con el presidente que haya invitado a su casa a comer, sea del país que sea.
Una vez por año la hago, mas o menos. Y quería compartirla con todos ustedes, o jóvenes borregos que leen Epimundo y se derriten de felicidad, mientras se frotan contra toda pared que ande suelta.
Ingredientes: 4 muslos de pollo, dos cebollas grandes, 3 dientes de ajo, jengibre (en polvo o en raiz), 150 gramos de roquefort (un poco mas también, pero no hace falta mucho), romero, aceite, dos batatas, un par de tomates, sal y pimienta a gusto.
Lo primero que hice fué poner los muslos de pollo a “marinar“. A que se refiere este término? Y bueno, carajo, se refiere a agarrar los trozos de pollo e introducirlos en un tupper o recipiente similar y mezclarlos con un poco de aceite, bastante jengibre, algunas ramitas de romero (o un poco de romero seco), 3 dientes de ajo cortados fileteados, sal y pimienta. Removemos bien para que se impregne y lo dejamos el mayor tiempo posible para que tome gusto (pueden ser de 2 a 24 horas, cuanto mas mejor). Siempre en la heladera, claro, ya que no queremos encontrarnos con la desagradable sorpresa de tener un buitre en nuestra cocina.
Luego de pasado el tiempo de marinado, empieza la cocción en si. Ponemos la olla al fuego (si es una de esas gruesas mejor, tipo Essen… pero MUCHO MEJOR, eh, facilita enórmemente la tarea) y le echamos un poquitito de aceite (no mucho porque ya el pollo va a tener). Mientras tanto cortamos dos cebollas en juliana (o sea, en tiras… en aros por la mitad). Cuando el aceite y la olla estén bien calientes colocamos las presas de pollo junto con toda la porquería que viene incluida (jengibre, romero, ajo, etc) Eso si: Que no sea muuucho aceite el que tiramos en este caso. Si la marinada fué con bastante oleo, conviene simplemente tirar las presas de pollo y un chorrito, nada mas… ya les dije que debe estar impregnado el turro, y no queremos que este plato nos salga pesado por demás.
Cuidando que no se nos queme (bajamos un poco el fuego) la idea es dorar las presas de ambos lados. Endemientras, para la guarnición, pelamos las batatas, las cortamos en bastones largos, las aceitamos y las colocamos en una fuente para horno. Un poco de romero, sal y pimienta, y a cocinarlas a fuego bien fuerte:
Si son los alegres poseedores de un hornito eléctrico como el que Yo Tengo, entonces recuerden poner el calor solo desde arriba, ya que sino hay riesgo que salgan fritas, y no queremos eso. En todo caso pasados 15 minutos las dan vuelta y ya. Por el momento nos olvidamos de ellas y seguimos con el pollo:
Cuando ustedes consideran que ya le dieron una cocinada de ambos lados (no tiene que ser excesiva, que no se vea de color crudo nomás) se le tira la cebolla encima y se procura bajar el fuego a mediano, intentando abrir huecos entre los muslos y la cacerola… todo esto para que las tiras de cebolla (al menos algunas de ellas!) vayan entrando en contacto con el calor divino de la olla.
Un par de minutos y revolvemos, de modo que se mezcle todo así a la “que me importa”. El objetivo de esta cuidada técnica culinaria es nada mas y nada menos que lograr que toda cebolla toque el fondo de la olla, y que el pollo se impregne bien con los sabores que se están generando… y pasarla bien molestando, claro.
Sabía usted que el pollo fué alimento de los Hititas en la famosa “Guerra del muérdago”?. Ni se les ocurra buscarlo en la Wikipedia, porque lo acabo de inventar.
Una vez que la cebolla reduce… la idea es que ahora si los muslos descansen siempre sobre el fondo de la Essen. Es momento de cocinarlos a fondo, de ambos lados (aunque mas del lado del hueso, porque eso hace que se caliente el susodicho y cocine la carne que existe enderredor, como quién dice. La cantidad de datos que les estoy pasando es impresionante. Aprovéchenme, ya que si sigo comiendo así no voy a vivir mucho mas.
Tapamos un rato… el punto justo nunca es igual para todos los cristianos, así que no voy a dar tiempos. Solo revisen cada tanto y dén vuelta las presas… si ven que fragmentos de carne se desprenden fácilmente, es porque el pollo ESTÁ COCINADO, pero hay algunos que prefieren cocinarlo mas, y otros asquerosos que prefieren cocinarlo menos. Yo en esas cosas no me meto porque es navidad, pero la próxima lo charlamos café de por medio. Lo que suele ocurrir es que mas o menos está en cuanto están las batatas bien doradas (eso me pasó, y por eso les dije que lo hagan al mismo tiempo… si no me hicieron caso, bueno, es culpa mía por calentarme en escribirlo)
Cortamos el roquefort en pedacitos bien pequeños (lo troceamos, bah) para facilitar su rápido derretimiento. Cuando vemos que la cosa está, apagamos el fuego, colocamos un poquito de queso sobre cada muslo y tapamos. Un minuto o dos después “emplatamos” y comemos:
Yo le puse medio tomate (pueden ponerle mas) cortado en “abanico”, es decir: Lo cortan como si fuese en rodajas, pero no llegando al final (que la punta del cuchillo no traspase el diámetro del tomate, que quede un poquito agarrado) y luego todo eso lo abren un poco con la mano y lo presentan cual la foto. Un poco de sal, pimienta y aceite sobre el. Al muslo de pollo se le agrega un poco de esa cebolla superdorada y hecha bolsa (casi un puré de cebolla) al costado.
Bueno, es muy fácil y no es para nada caro. Roquefort pónganle poco y jengibre pónganle mucho. Las batatas son a mi gusto un complemento perfecto, pero si se les ocurre otra cosa no creo que arruine el plato… bueno, salvo que sea dulce de leche, ya que no combina con el queso muy bien. Pero cualquier papa al horno o en forma de puré también se ajusta a la idea.







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