Continuando con el mes de julio (que, además del mes de la gripe porcina, es también el mes de los Cazafantasmas… al menos en Epimundo), aquí tienen mi justo homenaje a la película que comenzó todo.
Era el año 1984 y el pueblo ya no creía en fantasmas, espectros, monstruos o Herminios Iglesias. Malos tiempos para la lírica, como se suele decir… Pero nadie imaginaba que uno de los íconos culturales de nuestra generación estaba por ver la luz. Y ya nada volvería a ser igual en la vida y las mentes de los enfermitos.
Una peli que no solo hablaba de espíritus, sino que también nos enseñaba que existía una manera de “cazarlos”. El contacto entre el mundo físico y el plano etereo se podía establecer y nosotros los humanos de carne y hueso (representantes de la dimensión tangible) podiamos ganar. Y es que los fantasmas no dan miedo si se tienen las herramientas adecuadas.

Una bibliotecaria anciana sufre el ataque de una “aparición” del mas allá. Los libros se caen, las fichas de información vuelan por los aires y “algo” se aparece, haciéndola cagar toda. La bola se corre y llega a oidos de tres “científicos” bastante excéntricos: Peter Venkman, Egon Spengler y Ray Stantz (interpretado por el genial Dan Aykroyd, del cual hablaré en un futuro, ya que merece un blog aparte, basicamente).
Estos tres personajes se dedican a la investigación de sucesos paranormales, parapsicología y otras barbaridades muy mal vistas por el resto de la comunidad científica. Así que al enterarse del suceso en la biblioteca deciden ir a investigar, chapeando con su trabajo en la universidad (si, siguen siendo universitarios) y logran hacer contacto con el espectro causante del despelote: una vieja señora que gusta del silencio…

Como es obvio no voy a contar todas las partes de la película, simplemente porque me parece una falta de respeto que no la hayan visto. Si, respeto a quienes no les haya gustado la peli, pero no a quienes lo la hayan visto. Bájenla, alquílenla, no se… Pero es historia pura, es el símbolo gráfico (el logotipo) mas reconocido en el mundo después del de Coca-Cola, es el comienzo de una franquicia que no ha parado hasta el día de hoy, de un universo plagado de “merchandaising” bueno y malo, pero sin dudas muy vasto.
Peter, Egon y Ray son expulsados de la universidad, ya que sus experimentos y métodos han dejado de ser considerados simpáticos… y deciden, por medio de un préstamo, iniciar su propio negocio de desfantasmización y protección contra eventos paranormales.
Compran una vieja estación de bomberos, un vehículo que hay que practicamente reconstruir (y todo esto significa mucho $ $ $) y dan un toque final al equipo de trabajo (que consiste en una mochila aceleradora de protones, un cañón para lanzar los rayos y trampas). Son una especie de fumigadores, pero con maquinaria “peligrosa” a sus espaldas.
La primer misión se les presenta en un hotel. Un fantasma oloroso e hinchapelotas está molestando a la gente, y son los
Ghostbusters quienes deben solucionar el problema. Esta es una de las escenas que mejor y con mas amor recuerdo… los destrozos que provocan con el Proton Pack y el modo de atrapar al espectro (capturarlos con los rayos y absorverlo con la trampa) fueron motivo de inspiración para todo el resto del universo cazafantasmas (juegos y serie animada incluida)

(El fantasma en cuestión no es otro que “Pegajoso”, y mas allá del exceso de ectoplasma que genera al chocar contra un cristiano, no es muy inteligente ni habil)
Allí comienza todo, los Ghostbusters tienen cada vez mas trabajo y Peter Venkman (el langa del grupo) empieza a levantarse a una clienta. El sistema de almacenamiento de espectros se va llenando (es allí donde se descargan las trampas) y es necesario contratar a un nuevo empleado-cazador: Winston Zeddemore, un negrito muy simpático.
(Como nota “de color”, vale decir que el papel de este personaje fué pensado para Eddie Murphy… no pudo ser)
Egon y Ray (los dos mas “científicos” del grupo) detectan un crecimiento de actividad paranormal cada vez mas grande en la ciudad de Nueva York (que es la ciudad en la que viven y trabajan). Tal parece que un tipo de dios sumerio o babilonio llamado Gozer está intentando volver al presente, cruzar el portal interdimensional y hacer mierda todo… Pero algo rompe con la investigación, un problema no mayor pero mas inmediato: El inspector de medioambiente.

Este personaje (odioso como el que mas) intenta por todos los medios joder a los Ghostbusters. Primero quiere ver las instalaciones y como su deseo no puede concretarse, vuelve con una orden de allanamiento y obliga a desactivar el sistema de almacenamiento de fantasmas. Esto provoca una orgía espectral por toda la ciudad, claro:

Durante esta escena, hermosa si las hay, se puede escuchar un excelente tema musical que me persigue desde mi mas malvada infancia. En definitiva: vean la peli.
La actividad paranormal crece y el ayuntamiento no tiene otra que, ante el desastre que se avecina (tal parece que Gozer está cada vez mas cerca de venir a nuestro mundo y tirar las Torres Gemelas) permitir que los Cazafantasmas se encarguen del asunto.

Gozer se aprovecha de los cuerpo de Dana (la clienta que Peter Venkman se quería… bueno, se quería “tranzar”) y de otro boludito de lentes para poseerlos y crear un portal interdimensional en un edificio que ha sido creado, justamente, para atraer dioses del pasado y hacer mierda el mundo.
No se ustedes, pero yo adhiero al ideal de esta noble gente: Cuando sea grande voy a intentar hacer lo mismo. No se si un edificio, pero al menos una carpa de Pescalandia y una antena de DirecTV, y ojalá venga alguna diosa de Ritmo de la Noche y nos aplaste.
En la cima de ese edificio, se manifiesta Gozer, con forma de mujer (pero, como dice Egon, no es que sea mujer u hombre, sino que al ser un Dios puede transformarse en lo que se le cante). Los cuatro protagonistas suben hasta la terraza y se le enfrentan…


Estas últimas dos escenas no pienso explicarlas, así como tampoco el final. Los que lo vieron ya deben estar bastante satisfechos con este recuerdo, y los que no lo vieron… ya saben: Go fuck yourself.
Fin de la reseña.
Si algo me ponía erecto cuando niño eran los equipos que usaban los Ghostbusters. La mochila llena de luces, esa especie de fusil de rayos protónicos, la trampa, el medidor de actividad paranormal, los uniformes… Me parecía increible pero a la vez MUY CREIBLE. Es mas, yo empecé a creer en los fantasmas gracias a esta película… y dediqué un par de años de mi infancia a intentar cazarlos.
Se… así de enfermo era… y lo sigo siendo. No se si los espectros tienen carga negativa (y por lo tanto son plausibles de ser capturados con protones) o si pueden interactuar con nosotros dejando manchas de ectoplasma… pero que algo de todo esto TIENE que existir. Me niego a creer que las cosas son así de chotas como las vemos. Que detrás de algún ruido extraño por la noche no haya al menos un fantasmita, un duende de mierda, un esqueleto vengador…
En realidad siempre termino diciéndome a mi mismo “no… no hay nada. El mundo material es el único mundo, y el universo es, en esencia, materia”. Pero no me resigno del todo.
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Volviendo a un discurso mas “normal”, voy finalizando este post (que fué largo pero no tanto como debiera, y es que siempre quedan cosas en el tintero) diciendo que el universo que ha creado Dan Aykroyd, Harold Ramis e Ivan Reitman es, PARA MI, uno de los mas zarpados junto con Star Wars y The Simpsons. Es mi sagrada trilogía, y no esa boludez de la palomita…

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