Los que vivimos en Lanús Oeste tenemos la suerte de conocer ciertas delicias cotidianas que otros citadinos no junan. Las curtiembres de Villa Diamante y su repugnante aroma, los baches y los pedacitos de vidrio que encontramos por todas las calles, producto de la “alegría” de los conductores de camioneta… Pero también conocemos las Empanadas que cocina “El japonés de la feria“.
Julio Tomisaki es su nombre, y no se si está vivo o muerto (me llegaron rumores de su fallecimiento, pero me encantaría creer que sigue vivo), pero su legado perdurará por siempre.
Como les decía, Tomisaki es descendiente de japoneses, pero bien gauchito. Andaba a caballo, usaba facón… y hacía empanadas. Que un japonés (porque es japonés, eh… BIEN JAPONÉS a la vista) haga empanadas y se gane la vida de ese modo puede sonar raro, pero eso no es lo peor: Hace unas empanadas increibles, que se van al carajo, y con una personalidad que ninguna otra empanada tiene. Eso es lo que pone nuestro orgullo criollo por el piso… tuvo que venir un oriental a explicarnos como se hacen nuestras cosas…
Las empanadas, al igual que las mujeres, son todas diferentes, y es cuestión de gustos. Hay minas que nadie duda que están buenas pero pueden no ir con el estilo de uno (Si… así es… o al menos eso recuerdo). Estas empanadas ESTÁN BUENAS, y nadie puede dudarlo. Estas empanadas SON ORIGINALES, y el que lo niega es un holandés. Después, te pueden gustar mas otras, con otro tipo de masa, con otro tipo de relleno, etc… pero hay cosas que son innegables excepto para gente rara que vive en un país que limita con Bélgica y Alemania.
Si. El que no salta es un holandés.
Sigamos con el tema: Este alimento se consigue en un puesto de la feria de Lanús. Como toda feria barrial, se va moviendo según pasan los días, y a veces se arma cerca de Caraza, a veces en la calle Sayos, y los viernes se arma en la “colonia alemana” de Villa Diamante. Como la versión que mas cerca me queda es esta última, decidí armarme de valor y realizar un trabajo de investigación para que todos ustedes, oh pobres ateos de las empanadas del ponja, puedan conocer las bondades de la comida rápida lanusense-oriental.
Para ello, me armé de un reproductor MP4 portatil (de esos que tienen una camarita de fotos incorporada) y haciéndome el boludo cual si escuchara música, me fuí para la feria. No me pareció buena idea ir con cámara de fotos, ya que los feriantes podían llegar a pensar que yo era un inspector municipal, un periodista de Documentos América o directamente un tarado, así que disimuladamente… y despacito… acá está la crónica en imágenes:
Comienza a divisarse la feria en el horizonte…
Este es un perro que se me cruzó por el camino… no tiene que ver con empanadas (espero), pero necesitaba retratar la situación.
Aquí la feria puede divisarse con esplendor. Estamos a la entrada y nadie detecta que yo no estoy realmente escuchando música sino sacando fotos… todo marcha bien, Epi.
Ya dentro de la feria, aun faltan un par de cuadras para llegar al puesto del genio de la cultura popular Tomisaki… Pero no pude evitar sacarle una foto a este puesto que siempre me llamó la atención: Es como un almacén ambulante, y tiene cualquier tipo de porquerías que pueden encontrarse en una despensa, desde latas de tomate hasta fiambre, pasando por todo lo demás.
Ya falta poco… mi corazón se acelera…
Ahí está! El puesto del “japonés”, donde siempre hay gente comprando. Y es que es el puesto que mas trabaja en la feria.
Ahí puede leerse el mítico cartel: “RUBRO EMPANADAS”, el número de matrícula (será eso?) y debajo, aunque no sale en la foto porque estaba chiquito, el nombre del gran japonés.
Foto a la fuente de la felicidad, con las empanadas recien freidas en grasa.
Aquí vemos un pedacito de repulgue arrancado… la crocancia del repulgue es un placer de dioses, y estas empanadas logran el milagro de que no nos importe con que están rellenas… Increible lo que hizo este japonés.
Acá vemos un ejemplar de carne (las clàsicas). El relleno es tan popular y tan famoso que no me atrevo a criticarlo, aunque debo decir (a riesgo de ser repetitivo) que no es lo mas importante en esta empanada. O sea, està buenísimo, no tiene jugo chorreante (generalmente algo malo, ya que eso implica que le ponen mucha cebolla o cualquier otra cosa para ahorrar) y es abundante, además de muy bien condimentado y con un gusto que no se parece a otras empanadas (no se que condimento usan, que cosa rara hay, pero no es el típico relleno de carne picada… algo tiene).
Última foto, y se puede ver como están rellenas… y termina obviamente la crónica, ya que no había mas empanadas vivas.
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OSCAR GUINOBART
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karina
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Daniel
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