Las hamburguesas son algo espectacular. Salvo algún vegetariano (o vegano……), no conozco a nadie que pueda rechazar una hamburguesa. No es lo mejor, no es lo mas sano, no es lo mas elaborado… Pero es riquísimo.
Hoy les voy a mostrar a ustedes, mis queridos conciudadanos del mundo de la internet 2.0, la crónica de un paty anunciado: Medallones de carne picada a la parrilla, acompañados por un queso parrillero (provoleta). Este martes ocurrió, y por suerte tuve una cámara digital a mano, así que preparen sus mandíbulas.
INGREDIENTES:
4 Patys (medallones de carne picada) de calidad industrial. Esto último es un detalle sin importancia, pueden hacerlos caseros, solo que yo hice este plato con hamburguesas de las que se compran.
4 Panes de hamburguesa – Usé la marca “Komo Gusta” porque me parece increible que exista un pan que lleve ese nombre.
Una buena rodaja de queso Provoleta – Este que usé en la receta se lo compré a unos italianos en la feria de las colectividades de Lanús. Pero cualquier otro estará bien.
Carbón, papel y un encendedor.
1er Paso: Encender el fuego. Si eres ese tipo de persona que enciende el fuego usando kerosene o alcohol, prepárate para ingresar a un mundo nuevo, lleno de vida y sabor. Si eres ese tipo de persona que enciende el fuego con maderitas, papeles, muñecas de Barbie y todo lo que tenga a mano porque sino el carbón no le “agarra”, prepárate para recibir los dones de una vida mas productiva y feliz… Porque aquí está el método “Villa Industriales” de encendido:
Agarramos dos o tres hojas de papel (de diario es lo IDEAL, por su tamaño y su fácil combustión, pero puede ser también de papel de impresora… en ese caso hay que unir dos, o usar de esas que vienen continuas, con linea punteada para cortar) y las enrollamos como una especie de cilindro muy fino. Ideal es, para que el cilindro o tubo quede lo mas largo posible, enrollarlo de modo diagonal, partiendo de un vértice. Luego se lo achata un poquito (ustedes se darán cuenta, salvo que sean muy pelotudos, pero no, se van a dar cuenta) y se forma un círculo con el, enroscando ambas puntas para que no se suelte:
Tiene que quedar mas o menos así, como un anillo. Si se les suelta no importa, traten de ajustarlo lo mejor que puedan de nuevo, así hasta que aprendan, caray. Lo ideal es hacer dos o tres de estos anillos y ponerlos uno encima del otro:
Una vez que tenemos este tubo mágico de la felicidad fueguil, lo rellenamos con bollitos de papel:
Y trasladamos todo este masacote papírico a la parrilla (si todo este procedimiento lo llevaron a cabo en la parrilla misma, no es necesario trasladarlo, claro….) Una vez allí, acomodamos los carbones por alrededor y también por encima, de a poco para que no se desarme la pila.
Ya que mi objetivo era hacer 4 patys, no necesité encender mas carbón, pero el método sirve para cualquier cantidad. Podemos hacer una gran pila y no pasa nada, una vez que los carbones interiores encienden, el resto es cuestión de tiempo.
Paso Nro 34: Y LISTO!!
Podemos ir tranquilamente a jugar a la batalla naval, o a leer el Libro Guinness de los Records y averiguar cuantos carbones hicieron falta para cocinar el World Trade Center, o cuantos patys se necesitaron para alimentar a ese gordo japonés que aparece por internet y en todas las fotitos del MSN. Cuando los carbones no tengan partes negras (señal que están bien prendidos) dispersamos y bajamos la parrilla… y a cocinar!
Mientras tanto, contemplamos nuestra provoleta, fuente de toda razón y justicia. La provoleta aporta un 400% de los requerimentos diarios de grasa, sal, colesterol y alegría.
Y vamos a la parrilla con ella, mas o menos un poco antes de tener que dar vuelta los medallones cárnicos. Se le pega una buena cocinada de ambos lados, a fuego fuerte:
Cuanto su derretimiento sea inminente, se saca en un platito y se corta en cuatro cómodos cuadraditos. Usamos el cuadrado como figura geométrica favorita porque es muy fácil calcular su superficie y por ende es también fácil dividir en cuatro partes iguales. Lo ideal sería en círculos, pero hay que usar el Número Pi (π) y se desperdicia mucho queso en los vértices:
Cuando ya los patys estén prácticamente cocinados, se pone el queso por encima:
Y se tapa con una sartén o fuente de horno, para que el calor y el humito terminen de derretir el queso, formando una fiesta de sabores en nuestro cerebro y un carnaval de sensualidad en otras partes del cuerpo nuestro.
Emplatamos, ponemos entre dos panes, agregamos el aderezo que nos guste y servimos:
Vale decir que la cantidad de queso que se usa es mucha, es casi tanto queso como hamburguesa, lo cual es fantástico. La alegría, amigos míos, es inigualable, y es una vuelta de tuerca mas al típico paty con queso de máquina, en la sartén de la cocina.
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