Cuando yo tenía 3 años, el mundo no era como ahora…
Corría el año 1986 y Argentina ganaba su 2do Mundial de Fútbol de la mano del mejor Maradona. La moneda era el austral (que luego se fué devaluando, devaluando… hasta que las monedas de 1000 australes eran casi inservibles y solo servían para tirárselas a los trenes) y Olmedo todavía estaba con vida, divirtiéndonos con chistes viejos y trillados, pero con la picardía que solo el podía imprimir a sus monólogos y debates absurdos.
No existían los celulares, ni las computadoras portátiles… es mas, la PC practicamente no se conocía (y esas siglas se nos connotaban como “Partido Comunista” y no como “Personal Computer”. Y es que la URSS todavía seguía viva…).
En esa infancia mía, que ha tenido momentos buenos y momentos malos (como todas, supongo) había algo que era pura felicidad y calidez: La Commodore 64.
Una computadora personal que arrasaba en el mundo entero (aunque su nicho de clientes principal era, obviamente, EEUU, a diferencia de la Spectrum Sinclair y otras, cuya plaza fuerte era Europa). Una máquina de solo 64 kbites de memoria… Y paso a explicar, para los mas jóvenes, a que me estoy refiriendo con 64 kbytes…
Esa era TODA la memoria RAM que poseía. Si, toda toda. Hoy en día existen computadoras de 1 Giga, 2, 4 y hasta 8 Gigas de RAM… Un giga es 16.000 veces 64kb!! Y todos los programas debían entrar en la memoria RAM antes de ejecutarse. Cualquier foto de mierda salida de una cámara digital pesa varias decenas de veces mas que el programa de Commodore mas sofisticado.
A todo esto, había que sumar que una parte de la memoría era consumida por el intérprete BASIC, es decir, por el programa encargado de “traducir” el lenguaje de los programas de Commodore a un lenguaje máquina (basicamente ceros y unos). Con lo cual la RAM disponible era notoriamente menor a la inicial.
Aquí arriba, una foto de la preciosura de la que hablo.
Esta máquina me hizo vivir los momentos mas felices de mi existencia infantil, durante varios años. Todavía no sabía leer pero sabía memorizar los jeroglíficos de la pantalla (la forma de sus párrafos) y “entender” por asociación y ensayo-error lo que querían decir. Aprendí a cargar los juegos (usando Cassetes comunes, de esos de audio) a la tierna edad de 4 años.
Un buen día (es una forma de hablar) mi padre decidió que ya era hora de vender la Commodore y comprar una PC. Me engatuzaron con boludeces acerca de que la PC es la máquina del futuro, que sirve para trabajar, para aprender y que tendría mejores juegos que la C-64, ya que su capacidad de RAM y sus Megahertz eran superiores (era cierto, triste pero cierto). Pues la vendimos y compramos una PC XT, con monitor monocromático ambar. Obviamente sin placa de sonido.
El sonido de la Commodore era… como decirlo sin herir al viejo y querido speaker interno de la PC… Bueno, me cago, lo voy a decir igual: Era, en comparación, como la filarmónica de Londres tocando con Pink Floyd, mientras que el speaker era Ricky Maravilla y las Rikitas tomando merca y comiéndose un Pancho 95 en mal estado. Así que la diferencia se sentía y mucho.
Yo casi estallaba en llanto todos los días, frente a mi nuevo y monocromático cacharro tecnológico. Donde estaba mi Commodore? Donde estaban esos 16 colores, ese sonido genial (que hasta lograba digitalizar voz humana). Voy a hacer una comparación de gráficos, para que se hagan una idea de lo que podía significar tamaño cambio brusco en la vida de un niño inocente:
Este es un juego de PC monocromática:

Y este uno de Commodore:

Pasaron un par de años hasta que los juegos de PC superaran a los de la C-64 (al menos en técnica, no tanto en diversión).
Hace un par de años, pude comprarme nuevamente una Commodore 64. Tenía que poseerla nuevamente, fué como una vuelta a las raices. Es un trofeo que atesoro aquí, encima de mi actual PC en la cual estoy tecleando estos versos hoy en día. Sobre una repisa, con su funda original. Funciona, pero en este momento está desconectada, hasta que pueda procurarle un televisor pura y exclusivamente para ella.
Se vienen mas posts de la Commodore 64, por supuesto. Es una parte importantísima de mi vida y de la de millones de fanáticos diseminados por el mundo, amantes de la nostalgia y de la calidez que la vida frenética no puede darnos.
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leo

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