Bueno, pasaron las pascuas y el fin de semana mas largo del que se tiene recuerdo (seis días a puro vino y soda, en honor a Jesus y a los ex-combatientes de Malvinas. Aprendan a meter feriados, pussies) y ya es hora de retomar las reseñas de juegos de iPad, tan lindos que son y tan buenitos ellos.
La semana pasada les hablé un poquito de Temple Run, los juegos “Runners” y la relación que encuentro entre ellos y algunos viejos modos de entretenimiento digital (Arcades, Quick Time Events, Laserdisc, etc.). Además, ya expliqué que me gustan porque te obligan a apagar la mente y a valerte solo por tus reflejos, tu buena memoria y esa pequeña dosis de suerte (será suerte?) que todos tenemos en lo mas profundo del corazón y no nos atrevemos a utilizar hasta que nos hacen algún Bypass múltiple o esas cosas locas de las que hablan en el noticiero. Mientras conducimos a un muchachito que corre, esquiva, salta y recolecta, en ese preciso momento -si llevamos bien alto nuestro animus jodiendis- hacemos contacto con una parte del cerebro que a duras penas utilizamos en nuestras aburridas y pelotudas vidas diarias… No me creen? No me importa.
Subway Surfers
Vieron “Back to the Future”? Claro que si, sino no estarían leyendo este blog (al menos que hayan venido por las recetas de cocina… en ese caso: Señora, mírese Volver al Futuro y vuelva, la estaremos esperando en el lugar de siempre: Arpanet) sabrán comprender mis sensaciones al imaginarme montado a un hoverboard (una especie de patineta voladora, que “flota” a escasos centímetros del suelo y despide awesome por la cola). Es el sueño de todo muchacho, no? Eh? Nocierto? Bueno, con Subway Surfers podemos recrear -mientras esperamos que la ciencia nos haga el maravilloso regalo en el 2015- esa experiencia, a la vez que recolectamos monedas, corremos por las vías mientras esquivamos trenes, e intentamos no tropezarnos seguido, ya que La Policía quiere ver nuestros huesos encerrados en un calabozo. Ya les conté que en realidad nuestro personaje es graffitero y huye de la ley? Yeah
Las diferencias con Temple Run son notorias, aunque estemos hablando del mismo género: Nuestro personaje tiene tres “carriles” en los que puede moverse, lo que facilita bastante el cálculo de colisiones (aunque le quita algo de dramatismo al juego, ya que no es necesario inclinar la tablet o el celular para esquivar o recoger monedas). Además, gran parte del juego se centra en la buena administración de los hoverboards, que nos dan invulnerabilidad durante 30 segundos -yeah!- aunque la perdemos al colisionar. Dichos items podemos conseguirlos comprándolos con monedas obtenidas durante corridas previas, encontrarlos dentro de los paquetes sorpresa diseminados por el mapa, o directamente desembolzar unos buenos dólares (cosa que JAMÁS HARÉ, porque soy pobre pero honrado… Y antes que nada soy pobre)
Y la jugabilidad? Excelente, claro. Estamos hablando de uno de los juegos mas divertidos y fluidos de su género, con una particularidad que lo hace único: Las “alturas”. Gran parte de la gracia de Subway Surfers (además de los ya mencionados skates voladores… les dije que los amo? Si, claro… y mejor la corto acá, porque el resto del párrafo corre riesgo de convertirse en un catálogo barato de perversiones y palabras soeces) radica en el hecho de que tendremos que saltar por encima de los trenes -estacionados o dirigidos a toda velocidad hacia nuestro rostro- y mantenernos a esa altura, pasando de un vagón a otro en el momento justo. Desde las alturas ganamos visibilidad y opciones, lo que puede convertirse en nuestra única esperanza en un mundo lleno de gente mala.
Y los items? y las sorpresas? Y Candela? Todo eso va sobre rieles en Subway Surfers. Quizá lo mas destacable de todo, para los amantes de las pelotudeces inservibles pero que acarician el cerebelo, sea el hecho de que este juego va cambiando su “skin” (el “tema”, digamos, sin modificar las mecánicas) periódicamente: Durante las últimas fiestas quién nos perseguía no era un policía sino Papá Noel, y luego pudimos visitar Nueva York, Rio de Janeiro y Roma! Pequeños detalles gráficos que para mi son importantes ya que renuevan el interés por un juego que, como todos los de su género, adolece de una mecánica repetitiva. Si a eso le sumamos una bocha de items y personajes a desbloquear (muchos de ellos temáticos y por tiempo limitado) y unos gráficos simpatiquísimos que me hacen sonreir de solo verlos (jiji) entonces solo puedo decir que Subway Surfers es un golazo, y el que no lo esté jugando en este momento es puto.
One Epic Knight
Y que tal un Endless Runner ambientado en un universo dungeonero fantástico-medieval? Ustedes saben a lo que me refiero, verdad? En lugar de ir pelotudeando por las ruinas de un templo Maya-Azteca-Incaico (o lo que hayan querido hacer en Temple Run) o de pintarrajear con aerosol los viejos vagones del subte y salir corriendo, que les parece introducirse a puro grito de “ahura!” en un calabozo lleno de gelatinas malévolas, trampas filosas, pozos y cofres llenos de riquezas? Por supuesto que si, señores, y para eso está “Epic Knight”, el corredor con armadura.
Este juego logró capturar mi interés y mi confianza durante varios días consecutivos, y es que sin llegar a ser una maravilla (en mi magnánima opinión, creo que es superado tecnicamente por los anteriormente nombrados) tiene algunas características que lo hacen digno de atención. Por empezar la temática, claro. El Dungeon es oscuro, lleno de precipicios y trampas, y también lleno de sorpresas como falsas paredes que ceden ante nuestro poderío físico y descubren nuevos pasadizos, y cofres que en realidad no son otra cosa que monstruos disfrazados (cuidado: Si tiene dientes, puede llegar a ser un enemigo… Parece simple y lo es, mas no deja de ser difícil darse cuenta en el momento justo). Pero lo que mas destaco de este juego es el hecho de que durante nuestro raid podemos recolectar armas, que se usan automáticamente al pasar por encima de un enemigo o trampa…
“Claro, con las armas matás a los monstruos… que fácil”, dirán algunos a los que mas les valdría meterse la lengua en el ojal, porque nada que ver, chabón. Obvio que hay que matar monstruos, pero ahí está el asunto, en administrar correctamente los recursos ya que para sumar puntos hay que aumentar el multiplicador de puntaje, y para aumentarlo es necesarísimo matar muchos bichos seguidos, a la vez que esquivamos pozos y paredes (de ese tipo de obstáculos ningún arma o escudo nos salvará) y avanzamos en el calabozo hasta la parte mas “jugosa”, donde empiezan a aparecer las gemas milagrosas que dan muchos puntos y hacen que las princesas se abran de gambas. Dije princesas? Bueno, es todo producto de mi imaginación, ya que no aparecen en el juego… pero somos caballeros, no? Y los caballeros SOLO PIENSAN EN ESO.
En definitiva, One Epic Knight no llega a ser tan bueno como Temple Run (1 y 2) o Subway Surfers, pero sacia al menos un poco nuestra sed dungeonera, mientras nos permite recolectar miles de gemas y dinero en metálico, que luego nos servirá para comprar patas de pollo, manzanas y todas esas cosas que como bien sabemos son el alimento diario de un caballero (y nadie que haya jugado algún RPG puede negármelo).
A la brevedad, una nueva reseña basada en juegos iOS. Stay tuned.
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