abr 03

Bueno, pasaron las pascuas y el fin de semana mas largo del que se tiene recuerdo (seis días a puro vino y soda, en honor a Jesus y a los ex-combatientes de Malvinas. Aprendan a meter feriados, pussies) y ya es hora de retomar las reseñas de juegos de iPad, tan lindos que son y tan buenitos ellos.

La semana pasada les hablé un poquito de Temple Run, los juegos “Runners” y la relación que encuentro entre ellos y algunos viejos modos de entretenimiento digital (Arcades, Quick Time Events, Laserdisc, etc.). Además, ya expliqué que me gustan porque te obligan a apagar la mente y a valerte solo por tus reflejos, tu buena memoria y esa pequeña dosis de suerte (será suerte?) que todos tenemos en lo mas profundo del corazón y no nos atrevemos a utilizar hasta que nos hacen algún Bypass múltiple o esas cosas locas de las que hablan en el noticiero. Mientras conducimos a un muchachito que corre, esquiva, salta y recolecta, en ese preciso momento -si llevamos bien alto nuestro animus jodiendis- hacemos contacto con una parte del cerebro que a duras penas utilizamos en nuestras aburridas y pelotudas vidas diarias… No me creen? No me importa.

Subway Surfers

Vieron “Back to the Future”? Claro que si, sino no estarían leyendo este blog (al menos que hayan venido por las recetas de cocina… en ese caso: Señora, mírese Volver al Futuro y vuelva, la estaremos esperando en el lugar de siempre: Arpanet) sabrán comprender mis sensaciones al imaginarme montado a un hoverboard (una especie de patineta voladora, que “flota” a escasos centímetros del suelo y despide awesome por la cola). Es el sueño de todo muchacho, no? Eh? Nocierto? Bueno, con Subway Surfers podemos recrear -mientras esperamos que la ciencia nos haga el maravilloso regalo en el 2015- esa experiencia, a la vez que recolectamos monedas, corremos por las vías mientras esquivamos trenes, e intentamos no tropezarnos seguido, ya que La Policía quiere ver nuestros huesos encerrados en un calabozo. Ya les conté que en realidad nuestro personaje es graffitero y huye de la ley? Yeah

Las diferencias con Temple Run son notorias, aunque estemos hablando del mismo género: Nuestro personaje tiene tres “carriles” en los que puede moverse, lo que facilita bastante el cálculo de colisiones (aunque le quita algo de dramatismo al juego, ya que no es necesario inclinar la tablet o el celular para esquivar o recoger monedas). Además, gran parte del juego se centra en la buena administración de los hoverboards, que nos dan invulnerabilidad durante 30 segundos -yeah!- aunque la perdemos al colisionar. Dichos items podemos conseguirlos comprándolos con monedas obtenidas durante corridas previas, encontrarlos dentro de los paquetes sorpresa diseminados por el mapa, o directamente desembolzar unos buenos dólares (cosa que JAMÁS HARÉ, porque soy pobre pero honrado… Y antes que nada soy pobre)

Y la jugabilidad? Excelente, claro. Estamos hablando de uno de los juegos mas divertidos y fluidos de su género, con una particularidad que lo hace único: Las “alturas”. Gran parte de la gracia de Subway Surfers (además de los ya mencionados skates voladores… les dije que los amo? Si, claro… y mejor la corto acá, porque el resto del párrafo corre riesgo de convertirse en un catálogo barato de perversiones y palabras soeces) radica en el hecho de que tendremos que saltar por encima de los trenes -estacionados o dirigidos a toda velocidad hacia nuestro rostro- y mantenernos a esa altura, pasando de un vagón a otro en el momento justo. Desde las alturas ganamos visibilidad y opciones, lo que puede convertirse en nuestra única esperanza en un mundo lleno de gente mala.

Y los items? y las sorpresas? Y Candela? Todo eso va sobre rieles en Subway Surfers. Quizá lo mas destacable de todo, para los amantes de las pelotudeces inservibles pero que acarician el cerebelo, sea el hecho de que este juego va cambiando su “skin” (el “tema”, digamos, sin modificar las mecánicas) periódicamente: Durante las últimas fiestas quién nos perseguía no era un policía sino Papá Noel, y luego pudimos visitar Nueva York, Rio de Janeiro y Roma! Pequeños detalles gráficos que para mi son importantes ya que renuevan el interés por un juego que, como todos los de su género, adolece de una mecánica repetitiva. Si a eso le sumamos una bocha de items y personajes a desbloquear (muchos de ellos temáticos y por tiempo limitado) y unos gráficos simpatiquísimos que me hacen sonreir de solo verlos (jiji) entonces solo puedo decir que Subway Surfers es un golazo, y el que no lo esté jugando en este momento es puto.

One Epic Knight

Y que tal un Endless Runner ambientado en un universo dungeonero fantástico-medieval? Ustedes saben a lo que me refiero, verdad? En lugar de ir pelotudeando por las ruinas de un templo Maya-Azteca-Incaico (o lo que hayan querido hacer en Temple Run) o de pintarrajear con aerosol los viejos vagones del subte y salir corriendo, que les parece introducirse a puro grito de “ahura!” en un calabozo lleno de gelatinas malévolas, trampas filosas, pozos y cofres llenos de riquezas? Por supuesto que si, señores, y para eso está “Epic Knight”, el corredor con armadura.

Este juego logró capturar mi interés y mi confianza durante varios días consecutivos, y es que sin llegar a ser una maravilla (en mi magnánima opinión, creo que es superado tecnicamente por los anteriormente nombrados) tiene algunas características que lo hacen digno de atención. Por empezar la temática, claro. El Dungeon es oscuro, lleno de precipicios y trampas, y también lleno de sorpresas como falsas paredes que ceden ante nuestro poderío físico y descubren nuevos pasadizos, y cofres que en realidad no son otra cosa que monstruos disfrazados (cuidado: Si tiene dientes, puede llegar a ser un enemigo… Parece simple y lo es, mas no deja de ser difícil darse cuenta en el momento justo). Pero lo que mas destaco de este juego es el hecho de que durante nuestro raid podemos recolectar armas, que se usan automáticamente al pasar por encima de un enemigo o trampa…

“Claro, con las armas matás a los monstruos… que fácil”, dirán algunos a los que mas les valdría meterse la lengua en el ojal, porque nada que ver, chabón. Obvio que hay que matar monstruos, pero ahí está el asunto, en administrar correctamente los recursos ya que para sumar puntos hay que aumentar el multiplicador de puntaje, y para aumentarlo es necesarísimo matar muchos bichos seguidos, a la vez que esquivamos pozos y paredes (de ese tipo de obstáculos ningún arma o escudo nos salvará) y avanzamos en el calabozo hasta la parte mas “jugosa”, donde empiezan a aparecer las gemas milagrosas que dan muchos puntos y hacen que las princesas se abran de gambas. Dije princesas? Bueno, es todo producto de mi imaginación, ya que no aparecen en el juego… pero somos caballeros, no? Y los caballeros SOLO PIENSAN EN ESO.

En definitiva, One Epic Knight no llega a ser tan bueno como Temple Run (1 y 2) o Subway Surfers, pero sacia al menos un poco nuestra sed dungeonera, mientras nos permite recolectar miles de gemas y dinero en metálico, que luego nos servirá para comprar patas de pollo, manzanas y todas esas cosas que como bien sabemos son el alimento diario de un caballero (y nadie que haya jugado algún RPG puede negármelo).

A la brevedad, una nueva reseña basada en juegos iOS. Stay tuned.

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mar 27

A veces la gente que “juega a los jueguitos desde hace rato ya” mira con desdén a los Angry Birds, los Temple Run y toda la pelota “casual” que tan de moda está por estos tiempos… Los ven como una degradación de su hobbie, un ejército de enemigos comandados por el mismísimo Satanás vestido de general y con un dolar en la solapa. “Es la muerte de todo, luego de los casual games no queda nada, todo es vanidad bajo el sol” dicen los mas fundamentalistas, que incluso han llegado a amenazarme de muerte por mis constantes coqueteos con el inframundo light. Esto es un apostolado, señores, no se crean que manejar un blog como Epimundo solo redunda en mujeres y vino. No, también tiene sus riesgos que estoy dispuesto a correr, aunque amanezca envenenado porque “alguien” puso cianuro en mi nesquik.

Pero vamos a jugarnos la mortadela, ponerla sobre la misa a la vista de todos los cuchillitos mágicos de la gente pudiente, y a gritar a los cuatro vientos una verdad que por oculta no deja de ser… bueno, no deja de ser verdad, carajo, que a uno se le acaban los recursos rimbombantes y se empieza a volver repetitivo al segundo párrafo: Los “Casual Games”, y en especial los “Runners”, forman parte del revival de una vieja cultura videojueguil, rastreable hasta los años 80s (y hasta se podría decir que un poco mas atrás también) en donde pululaban los arcade y el modelo o paradigma de juego era simple y directo: “Pocas reglas, claridad en el mensaje, escasa o nula “historia” o narrativa detrás de las mecánicas, sesiones cortas, alta mortandad y un objetivo que va mas allá de “ganar” el juego o superar todas sus pantallas: Sumar muchos puntos para hacernos el poronga delante de nuestros amiguitos”. Simple, directo, cojonudo y con bonete.

Temple Run es, como ya todos saben a excepción de algunos enanos que se escondieron en un termo durante los últimos meses, El Juego Runner por excelencia. Comandamos a una especie de Indiana Jones saltarín en el mismísimo instante posterior a la extracción de un ídolo -por pura curiosidad arqueológica, no vaya a creer!- del Templo. Que templo? Un templo, cualquiera… Algo medio Maya o Azteca, sin dudas propio de culturas pre-colombinas americanas. Y que debe hacer nuestro personaje? Correr y correr -cosa que realiza automáticamente, y cada vez a mas velocidad- mientras nuestros hábiles dedos le indican, a golpe de yema, para que lado debe virar, en que momento debe saltar, cuando es conveniente agacharse para no reventarse la napia contra un puentecito y, no tan espectacular pero no por ello menos importante, también debemos indicarle mediante la inclinación de nuestro dispositivo (iPad, iPhone, cualquier celular con Android, etc.) en que carril del camino debe transitar para no caerse a un pozo y para poder capturar la mayor cantidad de “monedas”

Nuestro personaje invariablemente muere, por supuesto. Pero nosotros iremos avanzando y coleccionando “achievements” que aumentan nuestro multiplicador de puntaje, así como también dinero que podemos gastar en Power-ups que harán mas fácil la carrera futura. El objetivo detrás de toda esta maraña de palabras no es otro que el que ya todos estaban imaginando: Hacer muchos puntos y recorrer la mayor cantidad de kilómetros posibles antes de nuestro fatídico final… Compartirlo en Facebook, y burlarnos de nuestros pobres competidores es también un objetivo implícito, pero eso también ya todos los sabían, verdad?
Les mencioné que durante todo el tiempo nos persiguen unos monos? Si, monos. Monos de mierda que intentarán por todos los medios recuperar el ídolo y llevarlo de vuelta a su Templo. Monos, como los odio.

Temple Run es un juego de reflejos, meditativo e ideal para apagar la mente. Cuanto menos pensamos (al menos de modo verbal) mejor nos suele ir. Eviten, si quieren ser cada día mas grosos en los juegos de este estilo -y agendarse todo el prestigio y la fama que un logro semejante les tiene preparados-, pensamientos inútiles del estilo “huy, que lejos estoy llegando! – Huy! Que groso que soy, ya superé en puntaje a Carlitos!” ya que los llevarán irremediablemente al precipicio. Silencio total en el marulo, mirada perdida pero apuntando hacia la pantalla, y una leve sonrisa (levísima, con los labios pegados)… Así juego al Temple Run, y así me va.

Se puede mejorar el Temple Run? Por supuesto, ya que de hecho SE PUDO: Los muchachos de Imangi Studios sacaron, hace escásos meses, la parte 2 de esta saga y sin dudas (al menos para mi, y yo soy el Papa de esta página y si me apurás del dominio .com también, carajo) supera al original. Se imaginan lo que sería poder escaparse con un Ídolo de oro mientras te corre un mono gigante cuando no solo hallamos escapatoria dando pisotones por los estrechos pasillos de la jungla mesoamericana, sino también colgándonos de lianas y manejando carritos mineros? No es el sueño de todo argentino?

Bueno, Temple Run 2 vino para quedarse, pasó por detrás mío y me acarició la espalda… Ahí me di cuenta que sus intenciones eran serias de toda seriedad. Los carritos mineros son uno de los mejores inventos de la humanidad, ya que son como carritos de supermercado pero que viajan sobre rieles. O sea, yo se que lo que acabo de decir es una analogía de mierda y no convencí a nadie ni hice que se ablande vuestro duro corazón, pero piensen por un segundo en lo interesante que es viajar en un carrito minero a altas velocidades, y después me cuentan de lo bien que la pasaron en el cumpleaños de quince de vuestras primas… Ni punto de comparación, no? Tienen ganas de llorar? Claro que si.

Como otro punto a favor de la secuela, podemos mencionar a las gemas verdes que iremos encontrando por el camino (o comprando con vil metal… como hacen unos que yo se. No se olviden que estamos hablando de juegos que pueden disfrutarse muy bien sin desembolzar un centavo, y aunque algún que otro billetín puede amenizar la velada… allá cada uno con su conciencia) y que nos servirán para continuar la carrera aun después de que nuestro Indy Jones de bolsillo muera aplastado por las bolas de un babuino. Las gemas son los “Continue” del arcade, por eso me gustan tanto. Porque soy viejo.

Muchachos, para mañana les prometo otra reseña doble, siguiendo con el mismo género runner vamos a hablar de “Epic Knight” y “Subway Surfers”, dos tremendos ejemplares que me han proporcionado horas de alegría y llanto intermitente. Stay tuned.

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mar 25

Hoy me levanté, me miré al espejo y me dije: “Don Epi, tu tienes que comprometerte con la Causa, debes hacer felices a los niños de esta gran Nación y por ende tu próximo objetivo en la vida será inaugurar una nueva sección en el blog, que verse sobre los juegos para iPad. Ahá”. Obviamente que me hice caso, y aquí estoy, hablándoles a calzón quitado sobre los videojuegos para iOS.

Llevarse el iPad a la cama por las noches es una de las cosas mas hermosas que “le puede pasar” a un hombre de 30 años. Si, ya se lo que están pensando… están pensando en fornicación, pecadorcillos, y la verdad es que tienen razón, pero yo no quiero tocar esos temas porque por la censura, loco. Así que sigamos hablando de la tableta, que sirve para jugar, y tiene algunos juegos que -además- le sientan de maravilla y casan muy bien con la interface táctil y la portabilidad que dicho artilugio nos obsequia.

Ultimamente estoy jugando a muchos juegos de los denominados “runners”, que consisten en manejar los destinos de un personaje que corre (cada vez a mas velocidad) y esquiva obstáculos cada vez mas molestos. En cuanto chocamos contra algo o somos mordidos por un animal salvaje o nos caemos de un precipio, el juego termina con el consabido “game over” o una variante del mismo, y nuestro puntaje es contabilizado for the record para las estadísticas actuales y futuras. Temple Run es, sin dudas, el mas popular de todos y la verdad es que me ha tenido bastante capturado, por mas boluda que sea la mecánica.

Ese tipo de juegos logró cautivarme por muy diversos motivos. Ponen en práctica los reflejos y eso va muy bien con mi espíritu arqueril. Además, son juegos del estilo “si pensás, perdés”, donde hay que mantener la mente en blanco y la mirada “perdida”, cual si fuese un radar que barre la pantalla sin fijar atención en ningún punto en particular… Una vez que uno entra en la dinámica, se olvida de todo y la conciencia comienza a funcionar de otro modo, no-verbal, similar a lo que podemos alcanzar practicando alguna técnica de meditación. Son juegos para jugarlos con el cuerpo y no con el cerebro (y todos necesitamos momentos así).

Por último, los Endless Running (así también se les dice) tocan botoncitos críticos ubicados en la consola de la nostalgia… Y es que su mecánica me recuerda bastante a los Laserdisc de los 90s (Dragon´s Lair, Crime Patrol, MadDog Mccree, Cyberwar, etc.), en aquella época dorada en la cual ibamos a viajar a la Estratosfera y a manejar los destinos de personas de carne y hueso (películas! Interactivas! Compact Disc! MULTIMEDIA! Así se hablaba en los noventas, carajo!) moviendo el joystick justo en el momento indicado y sorteando, de ese modo, los obstáculos que la película tenía preparados para nosotros. Cero interactividad, es cierto, pero tampoco es que los runners actuales la tengan en demasía… basicamente hay que pulsar la tecla correcta en el momento indicado, así que serían como una especie de remake de aquellos juegos que hace unos veinte años salían como chorizo y se vendían como choripán.

“Entonces Don Epi, vas a hablar de los juegos que te gustan, pero de a uno por vez, analizándolos por separado??”. Claro, boló, pero ahora me colgué analizando uno de los géneros que mas me ha cautivado en el iPad, así que a partir de mañana comienza la sección propiamente dicha, y la inauguramos con una reseña doble: Temple Run I y II. Estén atentos, y cuidado con la tormenta.

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feb 12

Es un poco raro para mi hacer una reseña de “You have to win this game”. Y digo raro porque realmente no se como encarar esta especie de mezcla bizarra de nostalgia PCera de los 80s con gráficos CGA y sonido de speaker, con todo lo que significa el hecho de poder jugarlo en una Commodore 64, en una brillante conversión… Es como si tuviese que hablar no solo del juego -o no particularmente de el- sino también de las circunstancias que lo rodean y el grado de nerdismo casi “circense” que roza.

Y es que “You have to win this game” salió hace unos meses para PC, constituyéndose en otro intento indie por acariciar la nostalgia de los 8 bits plataformeros (para los neófitos: juegos de saltar sobre plataformas, generalmente bidimensionales de perspectiva lateral) pero aplicándole conceptos modernos, tales como los múltiples checkpoints que eliminan la frustración a la cual este tipo de juegos nos tiene acostumbrados.

Con gran placer (y un poquito de orgullo. Los commodorianos somos cada vez menos, pero la tenemos cada vez mas larga) me entero que salió una versión que corre perfectamente en nuestra queridísima panera… y aquí me tienen, probando este juegazo y divirtiéndome como un niño al ver una vieja caer desde cierta altura. Un juego simple, con gráficos cuatricolores inspirados en la paleta estandar -y horrible, pero a esta altura nostalgiosa como pocas- del CGA. Vale decir que la conversión a la C-64 se realizó perfectamente y en ningún momento puede verse nada raro, ni en fluidez ni en nada.

Claro que tratándose del chip SID, podrían haberle puesto música y de la buena… Pero es entendible, se trata de un port, y el concepto del juego es clarísimo: Sonido de speaker en una fría pantalla de un compatible IBM de los 80s…

El juego es simple: Recorremos todas las habitaciones (no hay scroll) tocando algunas campanillas por el camino (los checkpoints) y recolectando dinero que vendría a ser el objetivo principal del asunto. Enemigos que esquivar y trampas que desactivar nos acechan, y nuestro único recurso es saltar y calcular muy bien los píxeles que nos separan de la muerte. El gameplay es excelente, y la dificultad puede ser elevada en alguna que otra pantalla, pero al tener vidas infinitas que nos dirigen al instante al lugar donde hicimos sonar la última campanilla, no podemos quejarnos sin que nos tilden de niñas. Por otra parte algunas pantallas tienen “puzzles” que nos llevarán un par de muertes resolver, pero en aquellos tiempos la gente acostumbraba morirse seguido, por eso los juegos eran mas difíciles.

You have to win this game tiene algo que siempre me gustó de los juegos de plataformas sin scroll lateral: Cada pantalla tiene un título, a veces orientativo, en otras ocasiones alegórico y hasta poético. Al igual que Jet Set Willy (del cual hablaré un día de estos, cuando me levante de buen humor y no me toquen timbre los Testigos de Jehová ni los cuñados)  y el ya comentado VVVVVV (que, curiosamente, también es un juego que rinde culto al pasado y que luego tuvo un port para C-64), cada pantalla tiene personalidad y uno termina encariñándose con cada una de ellas, aunque se trate de una simple zona de transición-pasillo.

Los gráficos, a pesar de la paleta chota que usa, son muy buenos, totalmente “legibles” y con una fluidez envidiable. Se nota la mano de los coders aquí, porque no es fácil hacer lo que hicieron y con la precisión que lograron. Los controles son suaves como la voz de Samba Quipildor, respondiendo perfectamente a nuestros designios (y sin que podamos echarle la culpa de nuestra desgracia).

Si, puse muchas capturas de pantalla para que vean que efectivamente lo jugué. Y tienen derecho a dudar, mis queridas palometitas, ya que me he estado tirando a chanta ultimamente, escribiendo poco y nada e hiriendo los sentimientos de la gente que, en manada, se asoma por la ventana de internet y dice “upa, este pelotudo se debe estar manoseando”. Cuanta razón tenía ud. Señora! Pero esos tiempos han cambiado, porque ahora ya no hago mas nada de aquello.

Para finalizar, aquí tienen los links de la versión para PC y de la Commodoriana. Sean felices, jueguen mas y dejen de etiquetar gente en Facebook, boludones.

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feb 12

No se puede hablar de esto aun, no? Siento que no puedo, que estoy impedido, no legalmente pero sí desde la ética… Tengo tantos amigos y conocidos (inclusive una hermana muy conocida mía) que aun no vieron el capítulo 9 -que retoma la tercer temporada hasta este momento pausada- de Walking Dead… Así que no diré nada referido a la historia en sí misma, por respeto y pudor.

Y que se puede decir de The Walking Dead sin mencionar puntos claves de la trama? No mucho, es verdad. Pero estoy tan excitado que necesito hablar, realmente siento la necesidad de expresarme por medio de este teclado inmundo y lleno de basura y papas pay. Algunos (leí por ahí, en la boludosfera) se aburrieron con este capítulo, pero también existe gente a la que le aburre vivir, así que todo es cuestión de relativizar… Este es uno de los capítulos que explican cosas y “preparan” al espectador para futuros cimbronazos, y aun así no puede decirse que esté exento de momentos que te hacen subir la mostaneza.

Otros critican la falta de fidelidad al comic… Y yo no entiendo como eso puede considerarse siquiera algo malo! Es una serie de televisión, que esperaban? Que hagan todo igual así ustedes tienen con que alardear ante sus amigos no-nerds? Así pueden espoilear impunemente, escudándose en pretendidas “charlas de historieta”? No, la serie está genial, y le hace mucho bien al mundo.

Ranking de cosas que le hacen bien a la humanidad (ordenado por cantidad de bondad derramada, de mayor a menor):

1- Esta temporada de The Walking Dead

2-La renuncia del Papa

3-El alfajor Minitorta Águila de coco

4-Epimundo.com

Y me voy. Viva Perón y la ballesta.

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feb 09

En todos los mundos que existen en esto que llamamos “realidad” (como dijo el poeta: Hay otros mundos, pero están en este) pueden encontrarse personajes alrededor de los cuales giran los flashes, las cámaras, las chicas en pelotas y algún que otro gordo con camisa hawaiana. Son las famosas “Rock Stars”, y no solo se manifiestan en mundillos que estén relacionados con la música o el espectáculo… Están por todas partes, y en mi opinión personal, son beneficiosas.

John Romero era el Rock Star del mundo de los videojuegos allá por mediados de los jodones años 90… El tipo diseñó los mejores niveles del DooM y solo por eso ya se merece que tooooodos los lectores de Epimundo.com (inclusive las señoritas que compran hornos eléctricos y consumen golosinas) le bailemos en ronda mientras nos tomamos de la mano y cantamos el Himno de Monrovia. Luego hizo Daikatana y todo se fué a la mierda, claro… Pero este tipo de figuras son necesarias para atraer público, para demostrarle al pueblo soberano que SE PUEDE ganar unos mangos -e incluso forrarse de guita- laburando de lo que a uno le gusta y en lineas generales para darle dinamismo al hobbie o lo que se pretenda propagar.

Bueno, en el mundo de los juegos de mesa existen varios personajes “importantes”… pero Rock Star como Reiner Knizia, difícil que haya otro. El tipo tiene sus detractores ya que como diseñador es uno de los máximos exponentes del “estilo alemán” (EuroGames, en definitiva: Poca confrontación directa entre los jugadores, predominio de las mecánicas por sobre el tema, escasa -o al menos acotada- duración de las partidas, el azar como “aleatoriedad” antes que como “pura suerte”, etc.), pero aun así ha ostentado el trono de Ídolo durante mas de una década, y eso no es moco´e pavo, ahijuna.

Y hoy les quiero hablar de un clásico juego de cartas que el gran Reiner (del cual, confieso, me considero admirador aunque aun me falta jugar a fondo varios de sus juegos) nos legó allá por el año 2000 y yo vengo a conocer recién ahora (y encima en un par de versiones Print & Play, porque además de ser mas baratas son mas bonitas). Su nombre es Battle Line, y su mecánica es tan simple que, confieso, cuando leí el manual por primera vez pensé que me encontraba frente a un juego clásico de cartas al estilo “Canasta” con algunos toques de control de territorio, y no me pareció gran cosa… Pero cuando lo probamos con mi mujer y compañera en este vicio que son los juegos de mesa, notamos que en este juego podía haber algo interesante, mas allá de lo que en plena superficie puede verse si no se presta demasiada atención.

El juego tiene “tema”, pero es tan difuso que se presta demasiado al rediseño (lo cual en un juego de cartas de esta índole me parece mas un acierto que una falta), así que luego de haberme impreso y ensobrado una versión mas similar al diseño gráfico original (guerra en la Edad Antigua, griegos, romanos, y cosas) me decidí por otro rediseño MUCHO MAS GROSO (y mas completo, ya que al primero le faltaba un color… por suerte pude aprovechar las cartas para darles firmeza a las otras al colocar ambas en los folios) que es el que pueden ver en la 1ra y 3ra foto de este post -No se preocupen, al final de todo está el link para descargarlo-. Que colores, y que bien queda este juego desplegado sobre la mesa, jo´er!!

Y de que va la cosa? Bueno, la mecánica es muy simple: En el centro de la mesa se colocan nueve “banderas” (en las fotos están representadas con gemas naranjas) y a cada jugador (siempre son dos) se le reparten siete cartas de un mazo de 60 compuesto por números del 1 al 10 y seis colores. El objetivo del juego es “reclamar” las banderas jugando combinaciones de cartas en cada una de ellas y confiando en que van a superar a las combinaciones creadas por nuestro rival “de el otro lado de la banderola”. Los juegos que pueden hacerse se componen de tres cartas, y a excepción de ese pequeño detalle se asemejan mucho en variedad y ranking a los del poker:

-Escalera de Color

-Tres del mismo número

-Tres del mismo color

-Escalera

-Nada (en este último, y en caso de empate con el juego del rival, las cartas mas altas ganan)

Cada juego le gana a todos los que lo preceden (Escalera de color le gana a cualquier otro juego que no sea efectivamente otra escalera de color compuesta por cartas de mayor rango). Las cartas se van jugando por turnos y de a una, no pudiendo quitar de la mesa las cartas que ya han sido jugadas…. Excepto por obra y gracia de unas cartas especiales (encontradas en otro mazo mucho menos numeroso) que cada jugador puede robar y utilizar  a gusto y piaccere (para que el juego no se desmadre y se convierta en un festival de cartas “especiales” que hacen efectos locos, existe dentro del juego la regla que impide a cada jugador usar una cantidad mayor de estas wild cards a las ya jugadas por el contrincante + 1. O sea que si mi rival ya jugó una, yo puedo jugar dos, no mas) y que tienen superpoderes tales como actuar de comodín, eliminar una carta del rival, etc… Cool stuff.

Gana el jugador que pueda reclamar cinco banderas o tres consecutivas (abriendo de este modo una “brecha” en las lineas enemigas… si, algo de narrativa tiene el juego, no sean forros!) y la reclamación se hace cuando el jugador puede probar que ya es imposible formar un juego mejor que el ya jugado (por ejemplo, si ya las cartas necesarias para que el rival le gane han sido jugadas en la mesa, solo que en otras banderas o bandos).

Por qué me gusta tanto el Battle Line? Porque es elegante, rápido, dinámico y si bien depende un poco del azar ya que las cartas se van robando de un mazo a ciegas y es necesario tener cartas altas para poder disputar algunos juegos reñidos, también deja muchísimo espacio al cálculo de probabilidades y hasta al bluff (mi rival robó una carta especial, pero todavía no la usa… Será la Niebla que anula el juego que se disputa en esa bandera y solo toma en cuenta los valores de las cartas?). Tiene la suficiente complejidad como para requerir varias sesiones hasta disfrutarlo enteramente, y las reglas son simplísimas. La duración de las partidas no llega a la media hora y siempre es tentador jugar “uno mas” para desempatar.

Quieren la versión que estoy jugando? Acá TA! (usen Chrome para descargar el archivo!)

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ene 28

Como todos ustedes ya deberían saber (y si están utilizando algún tipo de tecnología superior a la carreta y el ábaco SIN DUDAS están enterados), el ex-propietario de Megaupload ha vuelto a las andadas con un nuevo proyecto llamado MEGA (original, si.), que no es otra cosa que oootro sistema de almacenamiento de archivos en la nube que facilitan la descarga directa rápida, fácil, limpia y pura.

Las diferencias con Megaupload no son pocas, de todos modos. Es mucho mas difícil que el FBI le rompa las bolas al gordo en esta ocasión ya que con MEGA los archivos están encriptados y (supuestamente, claro… pero es un buen recoveco legal) los empleados de la empresa no tienen manera de conocer de antemano si el material subido está sujeto a las leyes del Copyright o no. Además de ese truquito, debo decirles que la velocidad de bajada es VERTIGINOSA. En serio, eh. Me tuve que agarrar de un pasamanos para no caer desfallecido, porque terminé bajando archivos al tope de velocidad que tiene mi conexión. Es una masa, boló…

Para festejar tamaña noticia, vuelvo a subir el tomo 1 del Fichero Sarpe (cuyo link anterior fué manoseado y abusado por el Buró Federal de Investigaciones), con la promesa de ir subiendo los otros en los días subsiguientes. Aunque como soy un mentiroso seguramente deban esperar unos meses mas…

El link: https://mega.co.nz/#!59lzQCxa!LZ1jJk0Grj3fhOqDROrnjHIEQKhQiglN3t51chP-5DA

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ene 18

Acabo de recibir un comentario de parte de uno de mis amados lectores que realmente me conmovió y me llegó al alma. En dicho mensaje podía leerse la frase (palabras mas, palabras menos… o tal vez no) “Che, podrías ir actualizando el blog, no?”. Cuanta razón tenía este buen hombre (o mi vieja, si decido creer ciegamente en el nick que figura como firma).
El caso es que hace escasos días escribí un larguíiisimo post acerca del Mancala (juego milenario de origen africano) y por culpa del WordPress hijo de puta de los cojones -coño- el asunto se me colgó, se me borró, no se me guardó y me entristeció, oh oh oh. Así que me agarré tal calentura que decidí destruir todos los objetos violetas que hubiese en mi habitación (y por suerte eran pocos, algunas docenas nada mas), uno por uno, gozando cada momento como si fuese el último estertor de placer en este mundo sinsentido que no es otra cosa que un sueño soñado por un loco… Gracias a este mensaje tan bienintencionado de parte de mivieja, pude ver nuevamente la luz y aquí estoy, hermanos míos, usando el bloc de notas por si acaso, pero siempre Firme junto al Pueblo que me da la espalda, pero que sin embargo existe.

Hoy les quiero hablar de un hermoso regalo que la gente de Capcom le ha dado a la HUMANIDAD. Ustedes saben quienes son los muchachos de Capcom, no? Ustedes lo saben porque han fichineado a granel en su mas prepubescente infancia, huyendo de los exhibicionistas y ladrones, esquivando gordos sudorosos y padres fumadores en esos Sacoa de Pompeya durante la década del 90. Que tiempos aquellos, no? Allí jugábamos al STREET FIGHTER II y nada nos importaba… Luego, al llegar a nuestro hogar destartalado, encendíamos el family game y sacudíamos los píxeles brillantes al ritmo de Megaman (o Rockman, dependiendo la versión), uno de los mejores juegos de plataformas-shooters que jamás se hayan inventado. Todo esto gracias a Capcom, claro, que son unos japoneses que se la re bancan.

Ahora -en realidad hace ya unos cuantos días como motivo de los 25 años del bombardero azul, pero bueno… remitirse al párrafo inicial- Capcom nos obsequia con un nuevo Megaman que conserva todo el flavor de las versiones de 8 bits (Como debe ser. Puedo llegar a levantar controversia con esto que estoy diciendo, pero la verdad es que me la trae floja: Megaman es un juego con estética 8 bits, y nunca me terminaron de cerrar los Super MegaMan para la SNES, aunque no los desmerezco como juegos ya que están muy bien hechos) y con varios personajes del Street Fighter como jefes!!! (!!!!). Para los que no estén familiarizados con la mecánica clásica de esta franquicia -y por lo tanto merecen un buen tirón de orejitas- solo me resta decirles que se trata de un ir avanzando a travéz de distintas pantallas plagadas de enemigos y trampas, disparándoles o directamente esquivándolos, y al final de cada uno de los “mundos” a explorar nos encontramos con un Jefe final, que en este caso puede ser Ryu, o Chun Li, o Dhalsim… Solo que Megamanizados.

Y por qué tiene que estar bueno todo esto? Porque se los digo yo? No solo por eso, niños. Además de lo divertido que me resultó luchar contra los personajes del Street Fighter en un entorno atípico, este tipo de “cross-overs” entre dos franquicias son como una especie de bálsamo para nuestro cerebro enmohecido por la nostalgia y el vicio de los videojuegos. Sentimos que no estamos solos, que hay gente que nos comprende y -mejor aun- quiere darnos lo mejor, porque venimos jugando desde hace décadas y no se han olvidado de nosotros. A su vez, estas acciones sientan precedente y abren la puerta a todo tipo de ideas locas que no necesariamente requieren de mucho presupuesto ya que pueden servirse de gráficos demodé y mecánicas recicladas pero como contrapartida testeadas hasta el hartazgo.

CAPCOM, los viejos como yo te amamos y nos bajamos el juego Gratis desde aquí

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dic 16

Hay un antes y un después en la vida de la gente que se compra una cámara digital con macro. En mi caso, por ejemplo, puedo decir con total seguridad y sin miedo a equivocarme (lo que viene a decir mas o menos lo mismo, valga la redundancia… y ven, ya lo hice otra vez) que descubrí un mundo nuevo a mi alrededor, lleno de cosas chiquitas plausibles de ser fotografiadas. Hormigas, por ejemplo.

Migas de pan, también. Pero existe algo mas excitante que fotografiar migas de pan? Yo no lo creía, hasta que me topé con la vieja colección de fósforos de mi madre, me pegué un viajecito al año 2009 -Año de la Fundación de Epimundo.com, hecho que fue celebrado simultaneamente en varias partes del mundo con sueltas de palomas y ballets acuáticos-  y me dije para mis adentros: “Que tal si les saco una foto a todos los fosforines, y le hacemos un favor al sufrido grupo de filumenistas que aun andan por ahí recolectando pólvora en capucheta?

Así que acá va mi pequeño homenaje, muchachos amantes del fósforo. La galería completa (mas de 100 fotos) la pueden ver haciendo click en este link: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.4838040676127.2191053.1450067247&type=3. Es un album público de mi cuenta de Facebook, así que compartan si pueden.

Puede ser que los fósforos no estén pasando por su mejor momento histórico, pero aun así me resulta fascinante el hecho de que durante varias décadas no solo sirvieron como obvios encendedores de puchos y fogatas, sino que también pusieron sus cajas y etiquetas al servicio de la publicidad. Eran como los almanaques, o los imanes para la heladera… y se usaban para promocionar todo tipo de productos, incluso (como puede verse en la foto de arriba) partidos políticos como el PI, muy famoso allá por los 80s hasta que Allende se volvió pelotudo de nuevo.

Y no pueden faltar los motivos extravangantes y hasta psicodélicos -el hippismo pegaba duro en esos tiempos-. Nada me hace bailar mas que un buen mate frío a la mañana.

Ya saben, click acá para ver toda la colección de fotos y empaparse en el emocionante mundo del fosforín. A las chicas les encanta, sépanlo.

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dic 11

Si queremos mantener el espíritu navideño bien en alto, es necesario saber aggiornarse a los tiempos que corren. Hace 2000 años se asustaba a los niños con reyes malvados que asesinaban bebés… Pero ahora nadie se preocupa por los bebés -lo que es entendible, claro. Los bebés son bastante pelotudos, y algunos hasta ni siquiera saben hablar- y sí es un motivo de preocupación bastante recurrente el holocausto zombie y como aprender a defenderse en épocas que avisoran su inminente llegada.

Así que desde la guarida de la comadreja que suele escribir estas páginas plagadas de olor a nostalgia -y un poquito de olor a salamín también-  hemos decidido armar el arbolito y el pesebre, pero esta vez no se trata de un pesebre común y corriente… bueno, vean y juzguen por ustedes mismos:


Ya se lo que todos están preguntándose en estos momentos en casa: “Y el Niño?”. Bueno, para los que están muy preocupados acerca del paradero de Jesús cuando era pibe, les cuento que se salvó (y luego nos salvó a todos, como corresponde). Al fin y al cabo todos somos un poco zombies, vagando sin rumbo ni ideas claras en nuestros pútridos cerebros, al menos que comprendamos la realidad… La salvación viene esta navidad, y viene con amor, paz y comprensión…. aunque no estaría mal un par de puertas tapiadas y una itaka, por si se vienen los bichos.

Se lo bajan de acá. Lo imprimen, lo recortan, lo arman y asustan a la abuela en estas navidades, mientras esperamos el retorno de Walking Dead y rezamos para que Darryl se salve y Merle no.

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